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Mauro Szeta, el hombre que abrió la puerta más oscura de La Plata

No solo lo une a la ciudad su pasión enfermiza por Estudiantes. La semana pasada, después de casi 26 años, se metió en una de las escenas más escalofriantes de la historia policial: la casona de calle 48 en la que Ricardo Barreda fusiló a sangre fría a su esposa, su suegra y sus dos hijas.

Fueron varias las veces que se trenzó en acaloradas discusiones en defensa no solo del club de sus amores, sino -según lo manifestó hasta el hartazgo- de la filosofía de vida que encarna Estudiantes de La Plata. Pero ojo, no es el único punto en común entre Mauro Szeta, el reconocido periodista de policiales, y la capital bonaerense. El otro es su trabajo en uno de los casos más resonantes de la historia criminal argentina: la cacería protagonizada por Ricardo Barreda contra su familia en pleno centro platense.

Diez días atrás, esquivó las baldosas rotas que llevan a la entrada de la casona de calle 48 número 809 y quedó frente al “asesino” que en aerosol blanco atraviesa todo el ancho del imponente portón. Después de dar dos vueltas de llave a la cerradura rodeada de telarañas, se abrió paso la intimidad del horror. Así se transformó en el primero en volver a recorrer el sombrío escenario donde hace más de 25 años el odontólogo mató a escopetazos a su esposa Gladys McDonald (57), a su suegra Elena Arreche (86), y a sus dos hijas, Cecilia (26) y Adriana (24).

“Me inicié en policiales casi al mismo tiempo en que Barreda ejecutaba el cuádruple asesinato. Recorrí muchísimas escenas del crimen, pero la diferencia con este caso fue que el lugar parecía detenido en el tiempo”, aseguró Mauro, que encabezó el exitoso especial de Telefe Noticias.

Y no se equivocó. Como también lo mostró 0221.com.ar, entre los escombros, la tierra y el moho en las paredes, quedaron en pausa los movimientos familiares de aquel domingo primaveral del 15 de noviembre de 1992. “Sentí que estaba participando, podía imaginar lo que pasaba ese mediodía”, resaltó en diálogo con este portal.

A Szeta no le quedó rincón sin observar. Se escurrió por la cocina -uno de los sectores mejor conservados-, el deteriorado comedor, la planta alta y el baño de la vieja mansión, en el que aún están colgados los cepillos de dientes. Otro de los espacios que permanecen intactos es el consultorio del dentista: los instrumentos y hasta la ficha de la última paciente que atendió el homicida se encuentran tal cual los dejó. La sensación es como si todavía retumbaran los disparos de la Víctor Sarrasqueta, que luego Barreda arrojó al Arroyo Del Gato, camino a Punta Lara.

“Sentí el polvo, las ruinas, pero no una penetrante humedad. Vimos la habitación de las dos chicas, dónde había ropa, dónde guardaban los utensilios, el cargador para los encendedores, los discos de pasta de ese domingo, el cobertizo del que sacó la escopeta. Fue fuerte”, detalló sobre el viaje en el tiempo que significó la visita al inmueble. Y agregó: “La masacre fue muy práctica, quedó demostrado que logró un dominio absoluto del lugar”.

Más allá de haberlo cruzado en alguno de los traslados, Szeta nunca tuvo un mano a mano profundo con el hombre que en 1995 fue sentenciado a prisión perpetua. Quién sí lo paró unos minutos fue su compañera Andrea Schellemberg, que lo interceptó en San Martín, cerca del hotel en el que hace un tiempo vive el cuádruple homicida. Se negó a responder las preguntas de la cronista y, pese a lo senil, se mostró desafiante como siempre, caminando libre por el centro. “Ya pagó su condena”, recordó Mauro. 

Pese al avance en materia de género que viene atravesando e interpelando a la sociedad argentina en los últimos años, todavía hay quienes justifican la matanza que Barreda cometió de manera despiadada.

Me preocupan ciertas reacciones por redes sociales. Me encontré con gente que sigue insistiendo en su defensa, que piensa que hizo bien o que era la única salida. Las primeras notas sobre el caso en los diarios nacionales tenían los testimonios de las parejas de las hijas, que contaron lo maltratador que era. El viraje lo hace él con la confesión, además de su justificación basada en cómo aparentemente las mujeres lo torturaban y tildaban de ‘Conchita’”, señaló. Acto seguido, dejó bien en claro: “Se en qué lado estoy parado”.

Mauro Szeta llevó éste y otros de los casos más emblemáticos del periodismo policial al teatro. Junto a su colega y amigo Paulo Kablan protagonizan “Digan la verdad… ¿quién fue?”, una obra en la que cuentan de manera descontracturada “el lado B” de cinco crímenes que conmocionaron al país. Además del perpetuado por Barreda, se meten de lleno en el asesinato de María Marta García Belsunce, el de Nora Dalmasso, el de Ángeles Rawson y otro que el público debe adivinar. Los amantes del género podrán disfrutar del espectáculo el próximo 29 de septiembre en el Paseo La Plaza. Una gran alternativa en pleno boom de las historias policiales.

 

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