En una mesa de café pueden destrabarse expedientes que vienen cajoneados. También es posible que aparezca la firma que faltaba para avalar una candidatura o el rayón de lapicera que tachará para siempre a uno que dejó la silla vacía. Detrás del aroma del humo de un expreso o un cortado puede empezar a estrecharse una alianza, acomodarse un malentendido o romperse para siempre una relación de militancia con años de historia. Entre sobrecitos de azúcar, cigarrillos que no se pueden encender y servilletas con nombres garabateados se puede construir en política, pero también se puede conspirar. O hacer mucho menos, simplemente sentarse a cambiar el mundo con palabras, a analizar la novedad del día, a calcular los alcances de la última medida del gobierno, a especular con el valor del dólar. A satisfacer el impulso vital más potente de todo dirigente que se precie de tal: el de rosquear.
Sede del poder provincial y urbe política por excelencia, La Plata siempre gozó de una abundancia de lugares de encuentros de los políticos. La nueva ruta de la rosca ofrece, con los cambios que ha experimentado el perfil gastronómico del microcentro, múltiples opciones, algunas nuevas, otras clásicas, algunas de moda, otras más bien ocultas donde se puede hablar sin temor a que las paredes oigan.
Son inolvidables los bares y cafés que conocieron la gloria en otros tiempos como El Parlamento de 7 y 51 o Esquina San Juan, en 7 y 55, que sigue recibiendo parte del mundillo político más tradicional. O el carácter pseudoinstitucional que adquirió en su momento la cervecería irlandesa Wilkenny, donde dirigentes de distintos palos realizaron conferencias de prensa o presentaciones de listas.

Tal vez porque está más identificados con la época gobernada por el peronismo en la ciudad, los dirigentes de Cambiemos elijen otros rumbos. Pero por sus mesas pasó el intendente Julio Garro con el ministro de Transporte Guillermo Dietrich o el actual senador Esteban Bullrich de campaña. También Felipe Solá o Daniel Arroyo lo eligieron para presentaciones públicas, entre otros muchos

Lo siguen eligiendo algunos, pero la movida se mudó en los últimos años a sitios nuevos, algunos de ellos instalados con el boom gastronómicos de la diagonal 74. Los políticos se mezclan con los abogados o los oficinistas que se hacen una escapada para beber algo o despejar su cabeza. El eje que va de Plaza Italia a Plaza Moreno tiene varios sitios elegidos. Uno de los más nombrados es Green Garden, el coqueto restaurante enclavado a metros de la esquina de 11.

En las últimas semanas fueron vistos almorzando los tres turcos de la UCR platense, los concejales Claudio Frangul y Raúl Abraham y el secretario de Desarrollo Social, Raúl Cadáa. Tres radicales sueltos en un emprendimiento de la familia Zapata -dueños con origen peronista- que hablaban, seguramente, de la elección de autoridades partidarias para la cual este semana se cerraron las listas. Pero también pueden aparecer funcionarios como Marcelo Leguizamón o legisladores como Carolina Barros Schelotto o Guillermo Bardón.
La cercanía con la Municipalidad hace que todo el arco de Cambiemos lo mencionen como un sitio obligado. Pueden acomodarse afuera o en su interior. Por ahí suele parar también el presidente del Concejo Deliberante, Fernando Ponce. Lo elige para tener algunos encuentros menos institucionales con los colegas del cuerpo o para encontrarse con funcionarios del Ejecutivo que prefieren dejar el despacho municipal por un rato.

Sus charlas pueden darse en otro “nuevo bastión” ubicado a pocos metros de ahí. Cuentan testigos de la vida cotidiana en el Concejo Deliberante que una tarde los kirchneristas Norberto “Chucho” Gómez y Gastón Castagneto buscaban un lugar donde charlar sin testigos algunos asuntos. Hicieron entonces su primera incursión en el Market sin saber que ese café de 11 entre 49 y 50 ya estaba incorporado al circuito. El propio Ponce apareció para su propio rosqueo y los sorprendió in fraganti.

No es raro que unos y otros se crucen en esos lugares. Sobre la Diagonal 74 y 10 hay competencia de clásicos con La Trattoría, Masse y Runnie’s, lugares a los que suelen ir los dirigentes más tradicionales del peronismo. Y hacia Plaza Moreno está una quinta opción de esa arteria clave, El Copetin de 12 y 50. “Es un clásico y está muy a mano”, contó con un concejal del peronismo.

Otro punto caliente de la política para quienes deciden almorzar es el restaurante Tannat de 10 y 53, a donde suele verse a concejales y funcionarios. Y a unos de 200 metros de ahí, en la planta baja del edificio Anexo de Diputados está la confitería que se ha convertido en otro sitio obligado, algo más oculto de la vista los “habitantes comunes”, para dirigentes de distintos partidos. Y en el medio, en la esquina de 9 y 53 está el Jazz Café, otra opción para quienes, además de hablar de política se prenden a la buena música.

Una esquina sensible es la de 9 y 50, donde se da una pulseada entre una de las sucursales de Frawen’s e .It. En este último tiene su parada obligada el dirigente peronista Gonzalo Atanasof. Se lo ve muy seguido reunido con su amigo, el ex concejal Guillermo Renna. También se la suele ver a la ex diputada Valeria Amendolara y otros dirigentes del peronismo.

Ubicado estratégicamente entre la Legislatura y la sede del PJ, otro lugar donde suelen verse caras conocidas es el Frawen’s de 8 y 54, pero están también los que eligen el Café Martinez del Pasaje Rodrigo o alguno de los bares ubicado en nuevo eje gastronómico de 51 entre 4 y 6.

Por todos estos lugares han circulado dirigentes históricos como José Ramón Arteaga, Oscar Vaudagna o Roberto “Pocho” Prandini. Hombres clásicos de la política platense, a veces se los puede ver en el Centro Cultural Malvinas. Pero también se han impuesto lugares como el Café Urquiza en la zona de la Dirección General de Cultura y Educación. Otros más modernos o que quieren aggiornarse y concurren a la zona de Tribunales, optan por Mute en 13 y 47 o Drac, el bar de 13 y 48 que cobró notoriedad cuando uno de sus mozos dijo que Lilita Carrió le dejó 5 pesos de propina.

City Bell es otro punto fuerte de encuentros políticos de café en la zona del centro comercial. Hay, según dicen quienes transitan la coqueta zona, un plantel estable especialmente los sábados a la mañana. Personajes como Juan Amondarain, Mario Oporto, Oscar Cuartango, el propio Arteaga o Fernando Ponce suelen aparecer.

El circuito de bares, cafés y restaurantes puede ser, no obstante, lo que la política deja mostrar de la rosca. Todos coinciden que cuando de resolver las cosas importantes se trata, la búsqueda es la de un lugar cerrado, donde oídos indiscretos no puedan escuchar. Fundaciones, oficinas partidarias, quinchos privados o directamente despacho oficiales son los camuflajes elegidos. Aunque, claro está, un buen café, una picada o algo para comer y beber, no deberá faltar para que las conversaciones lleguen a buen puerto.