¿Qué fue de la vida de Claudio Galvagni? Jugó en el Lobo, fue representante y es chef
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¿Qué fue de la vida de Claudio Galvagni? Jugó en el Lobo, fue representante y ahora es chef

Fue futbolista profesional, se formó y creció en Gimnasia. Cuando los cortos quedaron atrás se dedicó por casi dos décadas a representar jugadores. Pero una desgracia familiar le cambió la vida. El fútbol quedó sólo para ocasiones especiales y hoy, a los 52 años, Claudio Alberto Galvagni es chef y lo disfruta junto a sus hijos.

En este viaje con 0221.com.ar aquel rubio marcador central repasó sus años con el fútbol y contó los motivos que lo llevaron a apasionarse con su nueva profesión: la cocina. “Hace 5 años, cuando falleció mi hermano Sergio, algo en mi cabeza cambió. Conviví con el dolor de mis viejos, de mi cuñada, de mis hijos y me empecé a preguntar de qué se trataba la vida”, lanzó de entrada. Y reveló: “Me di cuenta que la vida es tan vertiginosa que trato de hacer lo que tengo ganas, siempre con responsabilidad y desde hace más o menos tres años estudié chef, porque la cocina es una de mis pasiones. Busqué algo que me genere entusiasmo y lo encontré”.

El Mencho hizo las inferiores en Gimnasia. Debutó un 20 de julio de 1986 en la victoria del Lobo por 1 a 0 ante San Lorenzo. Entró a dos minutos del final por Darío Tempesta. Tuvo dos etapas en el club. La primera hasta 1990. Después volvió en el 93 y fue parte de aquel plantel del 95 que estuvo tan cerca de la gloria de la mano de Carlos Timoteo Griguol.

EL DIA QUE MAS SUFRIÓ

Como a tantos triperos, aquel 25 de junio le quedó marcado a fuego: “Fue el día que más sufrí, nunca más volví a ver ese partido. No pude. Sufrí por varios motivos. Por ser suplente y no poder hacer nada desde adentro, porque vi a mis compañeros llorar como nunca, al igual que a la gente. Ese equipo se merecía ser campeón, teníamos todo para serlo”.

A corazón abierto, Galvagni se confesó y destacó que "el hincha de Gimnasia es distinto a todo". Y agregó: "No hubo ningún reproche. A pesar del dolor nos alentaron y nos dijeron vamos para adelante, 'otra vez será'”.

En Gimnasia jugó poco tiempo más. Hasta diciembre de ese 95 cuando se puso la camiseta del Lobo por última vez ante Rácing. “Me quedó un poco de bronca, sentí algo de injustica con ese grupo. El presidente era Héctor Domínguez y el técnico Griguol. Decidieron poner punto final para muchos jugadores, armaron otro plantel y yo estoy convencido que ese grupo era reforzar y no para depurar”, recordó.

“Era un equipo bárbaro el del año siguiente que formaron pero le faltó lo que el del 95 tenía de sobra, que era personalidad y estaba lleno de líderes positivos”, sentenció entre bronca y nostalgia.

REPRESENTÓ A BENITEZ

El fútbol marcó su vida. Cuando la etapa de jugador se terminó decidió seguir ligado a la pelota y comenzó a representar jugadores. Lo hizo con juveniles, con ex compañeros como Leo Noce, Darío Cavallo, más acá en el tiempo con el uruguayo Gonzalo Choy González, Fernando Monetti, Daniel Bertoya, Jonathan Chaves.

Pero esta historia también tiene un capítulo especial, porque el rol de representante lo hizo cruzar de vereda. “Estuve mucho tiempo con el Chavo Desábato, Leandro Benítez y al Tucu Krupoviesa lo acompañé a lo largo de toda su carrera. También estuve vinculado con Agustín (Alayes). Nunca un problema, generé un vínculo de amistad y una muy buena relación”, dijo.

“Hoy me pone inmensamente felíz que al Chino y al Tucu les vaya muy bien como entrenadores. Son muy buena gente. La verdad en ese momento no me lo imaginaba a Leandro como técnico pero evidentemente las personas tienen algo adentro que en algún momento lo sacan y me llena de orgullo”, agregó.

El exdefensor del Lobo añadió que “todavía cometí el error de no llamarlos, porque no me gusta invadirlos. Siempre estuve convencido que los representantes tienen que trabajar en otro ámbito, no me gustaba ir a los entrenamientos o concentraciones, ese es un lugar de los jugadores y los entrenadores, les pertenece”.

“COCINAR ES UN ACTO DE AMOR”

Hoy la vida de Claudio Galvagni pasa por la cocina, lo disfruta y se apasiona. “Me gusta comer bien, me encanta cocinar, siento placer por agasajar al que se sienta a mi mesa. Cocinar es amor para mí. Buscamos algo para iniciarnos, optimizar los costos y encontrar algo que nos haga sentir bien y nos reditue”, reveló.

“Vimos algo que no estaba muy explotado, probamos, hicimos contactos y hubo mucha gente que no ayudí. Así equipamos el tráiler y empezamos a participar en ferias. También nos contratan de fiestas privadas”, agregó el Mencho.

Luego contó: “La idea fue dedicarnos a hacer crepés, tanto dulces como salados. El nombre es un homenaje a mi viejo en vida y por eso le pusimos, teniendo en cuenta que son originarios de Francia ‘André crepés’. Trabajamos con una socia, compañera de la carrera de chef y así armamos un proyecto familiar. Me acompaña Franco, uno de mis hijos, algo que disfruto mucho y cuando puede también Matías, ya que tiene otras obligaciones y esto es casi un hobby”.

Y agregó: “El producto es muy bueno. Lo que más deseamos es tener la aprobación de los comensales y por suerte la tenemos. Es algo que está funcionando muy bien”, agregó quien luciera la 2 y la 6 de Gimnasia.

“GARISTO ERA MARAVILLOSO”

A la hora de repasar los nombres de quienes forjaron su carrera de futbolista Galvagni no dudó un segundo en recordar al uruguayo: “Luis (Garisto) fue el que más me marcó. Fue una persona que me dio la posibilidad de debutar en primera y con él también me inicié como empresario”.

“Hablaba poco pero era un ser maravilloso. Estuve en contacto con él hasta poco antes de morir. Me formó, me ayudó terriblemente, me enseñó desde lo técnico, lo táctico y lo estratégico. De Eduardo Solari también tengo los mejores recuerdos como persona y como entrenador. También José Ramos Delgado es imposible olvidarse, como los que me trabajaron de pibe como Angel Mariscal y Alberto Canay”, manifestó.

Además de Gimnasia jugó en Unión, Rosario Central, Defensa y justicia, Quilmes, Deportes Quindío y Deportivo Quito. Jugó 268 partidos en Primera y sólo anotó 2 goles, que fueron con la camiseta del Lobo. Dijo presente en 8 clásicos, de los que ganó 2, perdió 1 y empató 5. El próximo 6 de octubre cumplirá 53 años.

En Gimnasia se hizo conocido como futbolista, representó a figuras de Estudiantes, y hoy su pasión pasa por la cocina y el food truck.

Fue futbolista profesional, se formó y creció en Gimnasia. Cuando los cortos quedaron atrás se dedicó por casi dos décadas a representar jugadores. Pero una desgracia familiar le cambió la vida. El fútbol quedó sólo para ocasiones especiales y hoy, a los 52 años, Claudio Alberto Galvagni es chef y lo disfruta junto a sus hijos.

15 de septiembre de 2018

En este viaje con 0221.com.ar aquel rubio marcador central repasó sus años con el fútbol y contó los motivos que lo llevaron a apasionarse con su nueva profesión: la cocina. “Hace 5 años, cuando falleció mi hermano Sergio, algo en mi cabeza cambió. Conviví con el dolor de mis viejos, de mi cuñada, de mis hijos y me empecé a preguntar de qué se trataba la vida”, lanzó de entrada. Y reveló: “Me di cuenta que la vida es tan vertiginosa que trato de hacer lo que tengo ganas, siempre con responsabilidad y desde hace más o menos tres años estudié chef, porque la cocina es una de mis pasiones. Busqué algo que me genere entusiasmo y lo encontré”.

El Mencho hizo las inferiores en Gimnasia. Debutó un 20 de julio de 1986 en la victoria del Lobo por 1 a 0 ante San Lorenzo. Entró a dos minutos del final por Darío Tempesta. Tuvo dos etapas en el club. La primera hasta 1990. Después volvió en el 93 y fue parte de aquel plantel del 95 que estuvo tan cerca de la gloria de la mano de Carlos Timoteo Griguol.

EL DIA QUE MAS SUFRIÓ

Como a tantos triperos, aquel 25 de junio le quedó marcado a fuego: “Fue el día que más sufrí, nunca más volví a ver ese partido. No pude. Sufrí por varios motivos. Por ser suplente y no poder hacer nada desde adentro, porque vi a mis compañeros llorar como nunca, al igual que a la gente. Ese equipo se merecía ser campeón, teníamos todo para serlo”.

A corazón abierto, Galvagni se confesó y destacó que "el hincha de Gimnasia es distinto a todo". Y agregó: "No hubo ningún reproche. A pesar del dolor nos alentaron y nos dijeron vamos para adelante, 'otra vez será'”.

En Gimnasia jugó poco tiempo más. Hasta diciembre de ese 95 cuando se puso la camiseta del Lobo por última vez ante Rácing. “Me quedó un poco de bronca, sentí algo de injustica con ese grupo. El presidente era Héctor Domínguez y el técnico Griguol. Decidieron poner punto final para muchos jugadores, armaron otro plantel y yo estoy convencido que ese grupo era reforzar y no para depurar”, recordó.

“Era un equipo bárbaro el del año siguiente que formaron pero le faltó lo que el del 95 tenía de sobra, que era personalidad y estaba lleno de líderes positivos”, sentenció entre bronca y nostalgia.

REPRESENTÓ A BENITEZ

El fútbol marcó su vida. Cuando la etapa de jugador se terminó decidió seguir ligado a la pelota y comenzó a representar jugadores. Lo hizo con juveniles, con ex compañeros como Leo Noce, Darío Cavallo, más acá en el tiempo con el uruguayo Gonzalo Choy González, Fernando Monetti, Daniel Bertoya, Jonathan Chaves.

Pero esta historia también tiene un capítulo especial, porque el rol de representante lo hizo cruzar de vereda. “Estuve mucho tiempo con el Chavo Desábato, Leandro Benítez y al Tucu Krupoviesa lo acompañé a lo largo de toda su carrera. También estuve vinculado con Agustín (Alayes). Nunca un problema, generé un vínculo de amistad y una muy buena relación”, dijo.

“Hoy me pone inmensamente felíz que al Chino y al Tucu les vaya muy bien como entrenadores. Son muy buena gente. La verdad en ese momento no me lo imaginaba a Leandro como técnico pero evidentemente las personas tienen algo adentro que en algún momento lo sacan y me llena de orgullo”, agregó.

El exdefensor del Lobo añadió que “todavía cometí el error de no llamarlos, porque no me gusta invadirlos. Siempre estuve convencido que los representantes tienen que trabajar en otro ámbito, no me gustaba ir a los entrenamientos o concentraciones, ese es un lugar de los jugadores y los entrenadores, les pertenece”.

“COCINAR ES UN ACTO DE AMOR”

Hoy la vida de Claudio Galvagni pasa por la cocina, lo disfruta y se apasiona. “Me gusta comer bien, me encanta cocinar, siento placer por agasajar al que se sienta a mi mesa. Cocinar es amor para mí. Buscamos algo para iniciarnos, optimizar los costos y encontrar algo que nos haga sentir bien y nos reditue”, reveló.

“Vimos algo que no estaba muy explotado, probamos, hicimos contactos y hubo mucha gente que no ayudí. Así equipamos el tráiler y empezamos a participar en ferias. También nos contratan de fiestas privadas”, agregó el Mencho.

Luego contó: “La idea fue dedicarnos a hacer crepés, tanto dulces como salados. El nombre es un homenaje a mi viejo en vida y por eso le pusimos, teniendo en cuenta que son originarios de Francia ‘André crepés’. Trabajamos con una socia, compañera de la carrera de chef y así armamos un proyecto familiar. Me acompaña Franco, uno de mis hijos, algo que disfruto mucho y cuando puede también Matías, ya que tiene otras obligaciones y esto es casi un hobby”.

Y agregó: “El producto es muy bueno. Lo que más deseamos es tener la aprobación de los comensales y por suerte la tenemos. Es algo que está funcionando muy bien”, agregó quien luciera la 2 y la 6 de Gimnasia.

“GARISTO ERA MARAVILLOSO”

A la hora de repasar los nombres de quienes forjaron su carrera de futbolista Galvagni no dudó un segundo en recordar al uruguayo: “Luis (Garisto) fue el que más me marcó. Fue una persona que me dio la posibilidad de debutar en primera y con él también me inicié como empresario”.

“Hablaba poco pero era un ser maravilloso. Estuve en contacto con él hasta poco antes de morir. Me formó, me ayudó terriblemente, me enseñó desde lo técnico, lo táctico y lo estratégico. De Eduardo Solari también tengo los mejores recuerdos como persona y como entrenador. También José Ramos Delgado es imposible olvidarse, como los que me trabajaron de pibe como Angel Mariscal y Alberto Canay”, manifestó.

Además de Gimnasia jugó en Unión, Rosario Central, Defensa y justicia, Quilmes, Deportes Quindío y Deportivo Quito. Jugó 268 partidos en Primera y sólo anotó 2 goles, que fueron con la camiseta del Lobo. Dijo presente en 8 clásicos, de los que ganó 2, perdió 1 y empató 5. El próximo 6 de octubre cumplirá 53 años.

En Gimnasia se hizo conocido como futbolista, representó a figuras de Estudiantes, y hoy su pasión pasa por la cocina y el food truck.

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