El rostro en blanco y negro de Sandra Ayala Gamboa resalta en una de las persianas del edificio donde once años y siete meses atrás la encontraron asesinada. Nelly, su mamá, hizo el enorme esfuerzo de decir unas palabras en la entrada de 7 entre 45 y 46, donde –entre bocinazos y frenadas de colectivos– reinauguraron el espacio del exarchivo del Ministerio de Economía, que ahora lleva el nombre de su hija.
En el mismo inmueble en el que se produjo el femicidio comenzará a funcionar desde la próxima semana una oficina de atención a víctimas de violencia de género.
“Tengo muchas cosas en mi corazón y mi alma. Sandra ingresó a este lugar llena de sueños. Es como si hubiese sido ayer, me duele como el primer día”, comenzó con un hilo de voz. En una mano llevaba una rosa blanca y con la otra se aferraba a un cuadro con la foto de la joven peruana, de ambo inmaculado, en medio de una sala de hospital.
La vereda había sido copada por integrantes de organizaciones sociales, agrupaciones de migrantes, gremiales, de derechos humanos y feministas. Con pines en los abrigos y carteles con la cara de Sandra colgados en el pecho, algunos con los ojos brillosos y otros sosteniendo sus banderas, rodearon a Nelly casi como en un abrazo colectivo.

"Esto es un logro de la lucha. No hubiera querido que fuera así, pero se dio de esta forma. Sandra estará más presente que nunca en este edificio. La casa de Sandra es la casa de todos", siguió la madre de la joven, quien era enfermera y añoraba poder recibirse en la facultad de Ciencias Médicas de la UNLP. Para costear la carrera, empezó a buscar trabajo y consiguió una entrevista laboral en la Agencia de Recaudación de la Provincia de Buenos Aires (ARBA).
Cuando ese 17 de febrero de 2007 se acercó a la dependencia estatal, fue víctima de un femicidio. Diego Cadícamo fue el único condenado por el caso.

Nelly recordó que otro de los deseos de su hija era ayudar tanto a nenes como mujeres. "No pudo hacerlo en ese momento porque no tuvo la oportunidad. Pero desde aquí voy a caminar por todas aquellas que lo necesiten, porque nos siguen matando", expresó y en ese mismo sentido agregó: "Ella está conmigo, cada vez más presente".
La oficina aún no está lista: en el espacio solo había amontonadas una gran cantidad de sillas para computadoras. En tanto, en el inmueble sí comenzaron a trabajar los empleados del área de Estadística de la cartera de Economía.

En pocos días, la Casa Sandra Ayala Gamboa contará con un experimentado equipo interdisciplinario de profesionales comprometidos con la violencia de género, quienes brindarán todo tipo de herramientas para contener a las víctimas. Nelly sostuvo que seguirá luchando hasta conseguir que todo el edificio se convierta en todo un espacio donde se aborde la problemática. "Hoy tenemos esto, después iremos por más. Porque hace falta", destacó, siempre teniendo con fuerza la imagen de su hija.