En la segunda audiencia del juicio oral a los hermanos Cristian y Martín Lanatta y a Víctor Schillaci declararon penitenciarios que estaban de guardia en la madrugada del 27 de diciembre de 2015 en el penal de máxima seguridad ubicado en la localidad bonaerense de General Alvear. Dos de los cuatro testigos lloraron al recordar el episodio y uno de ellos pidió “por favor” volver a trabajar en el Servicio Penitenciario Bonaerense. Durante la audiencia no estuvo Víctor Schillaci porque se quedó en el penal de Ezeiza a recibir visitas familiares.
Luciano Labat fue el primero de los guardias que redujeron en la fuga. Además escaparon en su Fiat 128 que estaba parado en la playa de estacionamiento del penal. Contó que dos meses antes de la fuga quitaron las cámaras de seguridad del sector de sanidad, donde estaban alojados los condenados a prisión perpetua por el triple crimen de General Rodríguez. El joven tenía apenas diez meses de experiencia dentro de la fuerza cuando terminó maniatado en el suelo por la temible banda ligada al narcotráfico en la provincia de Buenos Aires.
Tras la fuga, fue exonerado del Servicio Penitenciario Bonaerense. “Durante un año no tuve vida, los pocos ahorros que tenía se fueron en abogados, sentía que me habían soltado la mano”, detalló el joven. El adjutor era el único guardia que custodiaba a los tres temibles asesinos. Al juez Juan José Ruiz le llamó la atención esa situación, y le preguntó: “¿Era normal que se quede solo en la guardia”, la respuesta no tardó en llegar: “No, tenía miedo, pero uno cuando recién se recibe tiene que hacer lo que le dicen”. “Usted estaba totalmente regalado”, inquiró el magistrado. “Estar en sanidad es prácticamente ponerlos al lado de la puerta de salida”, respondió el testigo ante el asombro de los presentes en la sala de audiencias.
En otro tramo de su relato, aseveró que las autoridades del penal “tomaban mate” con los tres acusados y que los saludaban “con un beso” de manera amistosa.
De repente Labat rompió en llanto al recordar lo vivido tras la fuga. “Todos me soltaron la mano, solo quería un psicólogo para contarle lo que me pasaba y no me lo dieron, la única que me contuvo fue mi pareja y mi familia”, dijo entre llantos y con el rostro inundado de lágrimas. El respetuoso silencio de la sala, hablaba por sí solo.

“Siento que nos usaron, estábamos totalmente nulo de conocimientos”, dijo en plena angustia en relación a la preparación que recibieron para enfrentar situaciones de riesgo dentro del penal. “Yo quería que todo esto se termine de una vez por todas, quiero volver a trabajar al Servicio Penitenciario Bonaerense, a mí me gustaba, había estudiado para esto”, expresó en modo ruego al magistrado que seguía con atención su relato.
Ya más calmo, el testigo recordó que los acusados “estaban en el sector sanidad para resguardo de su seguridad” y que fueron trasladados a ese sector luego de la emisión de la entrevista televisiva con el periodista Jorge Lanata, nota en la que Martín Lanatta aseguró que el entonces candidato de gobernador bonaerense, Aníbal Fernández, era el jefe narco apodado “La Morsa”, autor ideológico de los crímenes de Sebastián Forza (34), Damián Ferrón (37) y Leopoldo Bina (35), cuyos cadáveres fueron hallados el 13 de agosto de 2008 en General Rodríguez. Por ese hecho los tres acusados de evasión fueron condenados a perpetua y la sentencia quedó firme.
“No les podía pasar absolutamente nada”, expresó Labat en relación a los tres acusados. “Los jefes los trataban mejor a ellos que a nosotros”, dijo en modo queja y agregó que, en los primero momentos tras la fuga “me echaban la culpa a mí de lo que había pasado, los jefes me echaban toda la culpa a mí”.

Delia Raquel Godoy, por su parte, estaba de guardia en la oficina de expedientes judiciales. Esa noche compartió turno con César Tolosa, una de las autoridades del penal. En dos años que llevaba trabajando juntos “por primera vez me dijo que me vaya a dormir”, reveló la mujer, una situación que ella misma calificó como "rara". La responsabilidad de Tolosa es uno de los aspectos pocos claros del caso y se sospecha que fue él quien facilitó la fuga.
Godoy rememoró que cuando fue reducida “ellos me dijeron que no me iban a hacer nada” y entonces la ataron con precintos plásticos que no se usan en el penal. La mujer también lloró al recordar que mientras la maniataban, ella pedía “por favor” que no le hicieran nada, que era madre de una nena chiquita.

Ezequiel Dos Santos era un civil que ingresó a trabajar en el penal para tareas de mantenimiento informático, pero la madrugada de la fuga estaba “recargada” en servicio. Su condición de Testigo de Jehová lo obliga a mantenerse alejado de las armas de fuego y Tolosa, jefe de seguridad del penal, sabía de esa condición y, sin embargo, lo ubicó como última frontera de contención en el camino a la fuga. Fue tomado de rehén y lo subieron al auto en el que escaparon. Dos Santos aseguró que escuchó decir a uno de los acusados “Tolosa nos hizo una cama”.
El testigo recordó que “no había sido entrenado para pelear”.

La grilla de testigos concluyó con el relato de Ramiro Toleres, otro de los penitenciarios reducidos, dijo que tras la fuga fue desafectado del Servicio Penitenciario Bonaerense y que el abogado que contrató nunca más le notificó nada tras haber cobrado los honorarios. El joven recordó que dos meses antes de la fuga, comenzó a notar una merma de personal en la unidad penal.
Todos los testigos quedaron a disposición del juicio para ser llamados nuevamente en caso de considerarlo necesario alguna de las partes.

Este jueves se espera la declaración de los hermanos Martín y Cristian Lanatta, según expresó al fiscal de juicio, Silvina Langone.