Por Martín Soler
Por Martín Soler
Pasaron más de 25 años desde que el odontólogo asesino Ricardo Barreda masacró a escopetazos a las cuatro mujeres de su familia, pero hay un arista poco conocida del caso. Cómo el personal policial a cargo de la investigación logró la confesión.

Tras un domingo con clima estable, se espera un cambio en las condiciones con la llegada de posibles tormentas y lluvias en La Plata y la región.
Edelap realizará trabajos este lunes en el centro de La Plata y advirtió que podrían registrarse cortes de luz en la zona afectada durante varias horas.
Tras ejecutar la masacre, Barreda salió de la casona ubicada en 48 entre 11 y 12 al volante de su Ford Falcon color verde. Tiró los cartuchos de la cacería humana en una alcantarilla y arrojó la escopeta marca Víctor Sarrasqueta en el Arroyo Del Gato, camino a Punta Lara.
Esa tarde fue el cementerio a visitar la tumba de sus padres, dio una vuelta por el zoológico y fue a un hotel alojamiento con su amante. Por la noche, cenaron en la pizzería Bacci, de diagonal 79 entre 1 y 2, donde Barreda le confesó lo que había hecho. Dejó a la mujer en su domicilio cercano a la sede del fuero Penal de La Plata y comenzó a desplegar su coartada.
Volvió a la casona y llamó a la comisaría Primera de La Plata para denunciar una masacre: “Entraron a robar y mataron a mi familia”. De inmediato llegó una comitiva policial. Los investigadores no podían creer lo que estaba delante de sus ojos, escenas dantescas. Cuerpos desparramados sobre grandes charcos de sangre. La casa parecía una valija volcada con violencia.
Tras las comunicaciones de rigor, Barreda fue trasladado a la seccional de avenida 53 entre 9 y 10, donde siguió con su actuación. El comisario Angel Petti tenía una sospecha, que fue confirmada por un llamado telefónico.
Del otro lado de la línea estaba el joven abogado y entonces funcionario judicial Juan Losinno, quien aportó un dato clave: había visto al odontólogo presenciar una charla de derecho procesal penal en el Colegio de Abogados de La Plata, a cargo del jurista Carlos Alberto Irisarri, quien luego fue el defensor del odontólogo en el juicio oral.
El dato resultó llamativo, pero tenía lógica. ¿Qué hacía un odontólogo en una charla de capacitación sobre derecho penal? “Estaba preparando la coartada”, confirmó Losinno ante a consulta de 0221.com.ar.
“Esa noche llamé a la comisaría para aportar ese dato”. Fue la punta del ovillo del que comenzaron a tirar los investigadores. Las horas pasaban y Barreda seguía en modo lacónico. No sabía la información que tenía el comisario en su poder.
En una charla que tuvieron ambos, el asesino se dio cuenta que el jefe policial algo sabía, pero no alcanzaba a entender qué. Pensó que su amante lo había delatado. Cuando el comisario Petti le dejó el ejemplar del Código Penal abierto en la página del artículo 34 donde se establece la inimputabilidad, entró en crisis y su coartada se derrumbó. Allí comenzó la confesión.
“Tal vez, sin ese llamado telefónico el caso podría haber quedado impune”, expresó Losinno quien en la actualidad trabaja como abogado particular y uno de sus socios es Irisarri, el ex defensor de Barreda.