Por Martín Soler
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Por Martín Soler
Gustavo Prellezo es uno de los integrantes de la banda de policías y civiles que secuestraron y asesinaron al reportero gráfico José Luis Cabezas en enero de 1997. En el juicio oral se estableció que fue el autor de los dos disparos con los que fue ejecutado y rematado el trabajador de prensa. En la actualidad cumple el tramo final de la pena perpetua en libertad condicional y este martes acudió a las Fiscalías de La Plata a realizar la procuración de las causas en las que asesora a personas en conflicto con la Ley.

Gran cantidad de personas ya se encuentran marchando por las calles de la ciudad, a 50 años del comienzo de la última dictadura cívico-militar en el país.
Una lápida, restos óseos de animales y una figura con túnica aparecieron cerca del Hospital San Martín de La Plata y los vecinos sospechan de un rito umbanda.
Con perfil y tono de voz bajo, el asesino intentó pasar desapercibido, pero son pocos los que no recuerdan el caso y su rostro. En un alto de su recorrida por los pasillos judiciales, se sentó en un escritorio ubicado al costado de una escalera que conduce a Casación bonaerense, instancia que conoce como pocos: fue allí donde recibió una de las peores noticias cuando le confirmaron su condena.
Vestido de riguroso traje oscuro y maletín negro, con sus lentes colgando del cuello, acomodó papeles durante unos minutos en un portafolios. Hizo lo mismo con los pocos cabellos canosos que posee, mientras escuchaba la queja de una avezada instructora judicial que, al notar su presencia, expresó: “mirá la mugre esta, ahora anda por acá”.
Prellezo no fue recibido de la mejor manera. Muchas de las personas que recorrían los Tribunales platenses no dudaron un instante sobre su identidad y decidieron no saludarlo, pasaron a su lado sin ningún gesto de gentileza ciudadana, ni siquiera para exclamar el tradicional “buen día” que suele decírsele, incluso, a los desconocidos. Frialdad total, fue lo que recibió; la misma que tenía el cuerpo calcinado de su víctima al ser encontrado en una cava de General Madariaga en la costa bonaerense.
Prellezo estuvo el tiempo necesario en la zona de Tribunales y se fue rápidamente hacia el estudio jurídico para el que trabaja como administrativo. De allí, enfiló para su domicilio particular de Los Hornos. Pero no es el único delincuente sin esposas que suele transitar esos pasillos a diario. También es normal ver a quien fuera su compañero criminal, Horacio Anselmo Braga, empleado de otro estudio jurídico de La Plata.
Matriculado en el Departamento Judicial de Quilmes, el excomisario Prellezo goza de libertad condicional desde enero de 2017. Su título de Abogado fue otorgado por la Universidad Nacional de La Plata. Pero la matrícula “la tiene suspendida hasta que cumpla con su condena”, recordaron fuentes judiciales a 0221.com.ar.