El encuentro comenzó plagado de errores y ambos conjuntos parecían estudiarse sin arriesgar nada. Más allá de un remate de Víctor Ayala que pasó cerca del palo izquierdo del arco Canalla, en los primeros diez minutos los arqueros habían sido espectadores de lujo. El libreto del Lobo marcaba un claro 4-1-4-1, con Tijanovich y Comba como extremos, y Santiago Silva de única referencia. El nerviosismo invadía a los 22 jugadores, pero los triperos mostraban una mejor imagen.
Tal como se esperaba en la previa, la pelota parada fue el método adoptado por Gimnasia para tratar de inquietar a Jeremías Ledesma. Por su parte, Rosario Central no podía tener el control del balón y tanto Ortigoza, como Gil, no podían tomar las riendas del equipo. Sin embargo en el primer avance del elenco rosarino, un centro desde la izquierda agarró mal parado a los zagueros mens sanas, que perdieron la marca de Fernando Zampedri, quien tras un remate que se estrelló en el palo y una serie de rebotes puso el primero de la noche. El reloj marcaba 19 minutos y los Troglio perdían 1 a 0.
La cosa se podría haber puesto peor para el Lobo, porque en la jugada siguiente, una caída involuntaria de Germán Guiffrey, le regaló un contraataque al Canalla que no supo aprovecharlo. El elenco albiazul estaba consternado por el gol recibido y no podía hacer pie. Zampedri era una pesadilla para los defensores y pudo marcar el segundo, a los 28 de la primera etapa, pero Alexis Martín Arias sacó un cabezazo formidable del atacante rival.
Gimnasia era solo arremetidas individuales e intentos de pelota detenida, sacándole provecho a la buena pegada de Víctor Ayala. Nada daba resultado y mientras los minutos pasaban, el negocio era de Central. Los errores en el manejo, eran una constante en hombres albiazules y eso hacía difícil que pudieran generar situaciones de gol. Y así se fue el primer tiempo, con los de Bauza ganando por la mínima y el Tripero desconcertado.

En el arranque de la segunda etapa, Pedro Troglio decidió incluir a Jan Hurtado y sacar a Horacio Tijanovich, para que el moreno pudiera acompañar mejor a Santiago Silva, el cual estaba absorbido por la marca de Caruzzo y Cabezas. La fisonomía seguía siendo la misma y el trámite de encuentro era similar al de la etapa inicial.
Pero fue a los 6 minutos, cuando en una corajeada de Silva, comandó un contraataque y agarró mal parada a la defensa de Central. El Tanque le dio un pase en el momento justo a Maximiliano Comba, que tuvo la lucidez de ver llegar por el centro del área a Lorenzo Faravelli quien conectó el centro del cordobés y marcó el empate. En el arranque del segundo tiempo la cosa estaba igualada y Gimnasia renacía.
Tras el tanto del Lolo, el elenco mens sana tomó la iniciativa y volvió a mostrarse sólido dentro de la cancha. Los del Patón Bauza parecían aturdidos y no encontrar respuestas. Pedro Troglio pedía “orden y presión”, y desde adentro sus jugadores acataban la orden. El arma principal del Lobo era Maxi Comba y sus corridas por la derecha, en donde Parot no podía contenerlo. Viendo el panorama, el DT tripero envió un claro mensaje: afuera Licht, adentro Matías Gómez. A falta de 15 minutos para el final, la decisión de Pedro era ir a ganarlo.
A los 33, un golpe lo obligó a dejar la cancha a Lorenzo Faravelli e ingresó Kevin Gutiérrez para sumar sus primeros minutos con la camiseta mens sana. Esto hizo que el equipo perdiera claridad y con la dinámica que intentaba imponer por los costados no le era suficiente para inquietar al Canalla. Sin embargo, apareció otra vez el Tanque Silva con un cabezazo de pique al suelo, tras un buen centro de Ayala, y que Ledesma logró despejar como pudo. Corría el reloj y no se sacaban diferencias.

En los último minutos el Lobo tuvo todas las intenciones de ir a buscar ese tanto que le diera la copa, sin embargo le faltaron ideas y todas las acciones terminaban en centros desde los costados, que eran fácilmente rechazados por los hombres de Central. Así, el tiempo reglamentario de la final llegó a su fin, Lousteau marcó la mitad de la cancha y todo se definía por penales.
Allí, en la mal llamada “lotería de los penales”, Gimnasia no tuvo la contundencia ni la eficacia que había demostrado en los dos cruces anteriores. En primer turno erró Santiago Silva y a él, le siguió Guanini. En Rosario Central, Ortigoza y Marco Ruben no fallaron, y luego de que Hurtado descontara para el Lobo, Matías Caruzzo tenía la responsabilidad de convertir para darle la copa a su equipo. El defensor no falló y la alegría fue para los del Patón.

De esa forma, el sueño del Lobo se desmoronó. La ilusión de los más de 15 mil hinchas que coparon el estadio Malvinas Argentinas se vio truncada y el dolor los invadió, aunque en ningún momento dejaron de alentar y reconocer lo hecho por el equipo dentro de la cancha. Duro golpe recibió el equipo de Pedro Troglio, que ahora volverán a pensar en la lucha por engrosar su promedio en la Superliga.