Paciencia y profundidad, la “doble P” que aporta la Gata
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Estudiantes: Paciencia y profundidad, la “doble P” que aporta la Gata

El ataque de Estudiantes evolucionó y eso, en gran parte, se debió a Gastón Fernández. El N° 10 participó directamente en 5 de los últimos 6 goles del Pincha.

Por Máximo Randrup
Animación: Sergio Sandoval

Estudiantes tuvo un comienzo de semestre furioso, con triunfos ante los campeones de Argentina y América, pero enseguida la efervescencia desapareció. Al Pincha le ocurrió como a ese vaso de gaseosa recién servido que parece lleno de líquido y de golpe luce casi por la mitad: ante Boca y Gremio dio la imagen de equipo consolidado y esa ilusión se evaporó en un par de semanas.

Es que el conjunto de Leandro Benítez, en el fondo, no presentaba demasiados misterios (tenía intensidad, buena pelota quieta y las apiladas del dúo Rodríguez-Pellegrini) y por eso sus rivales no se demoraron en tomarle la mano. Cuando eso sucedió, el quiebre podría marcarse tras el encuentro ante Independiente, el director técnico comenzó a pensar variantes; sobre todo en ofensiva. Primero recurrió a Mariano Pavone y después le llegó el turno a Gastón Fernández.

Si bien Pavone fue fundamental en el despertar de Estudiantes, el cambio sustancial en el juego lo estimuló la Gata. Él provocó que el Pincha modificara su forma de atacar: canjeó vértigo por paciencia y, además, elevó la profundidad.

Mientras al inicio del semestre el elenco de Benítez intentaba ofensivas rápidas, ahora se caracteriza por avances con mayor elaboración. A la velocidad de los pibes, le agregó una pausa. Una pausa importante por dos motivos: permite pensar y esperar.


Cuando Fernández se hace del balón y frena (incluso en ocasiones gira hacia atrás) no está perdiendo el tiempo. Esos segundos le posibilitan tomar una buena decisión en segunda instancia y, también, aguardar que sus compañeros trepen hasta posiciones de mayor riesgo para el adversario. Por lo general, la Gata demora lo necesario como para que los laterales y los mediocampistas externos lleguen a zona de ataque. Eso, justamente eso, hizo ante Banfield (pase a Facundo Sánchez, centro y gol de Pavone) y eso, justamente eso, hizo contra Lanús (pase a Fernando Zuqui, centro y cabezazo de Lucas Albertengo que atajó el arquero).

En el mencionado choque frente al Taladro se inauguró su cadena de participaciones en los goles albirrojos. Ese día, tras el tanto del Tanque, metió un caño y cedió para Zuqui en el 2-0.

Luego llegaron sus goles: de tiro libre ante River, con ayuda de la barrera; con remates desde media distancia contra Colón y el Granate. Tres gritos, los tres producto de disparos desde afuera del área. Otra característica que Estudiantes casi no exhibía hasta el ingreso de Fernández (13 tiros al arco en el torneo).

¿Dónde juega la Gata? Lo pongan de enlace o delantero, él elige despegarse de las multitudes y flotar en esa delgada línea que queda libre entre marcadores y volantes rivales. Casi siempre por el centro. Desde ahí, donde brillaban los antiguos enganches, el N° 10 conduce y decide. A veces elige un toque corto para unir piezas, a veces mete un pase profundo para agrietar a la defensa, a veces remata para sorprender al arquero, a veces decide esperar para –unos segundos más tarde– volver a decidir.

A Fernández lo respalda el progreso que tuvo el Pincha desde su vuelta al equipo y también lo avalan los números: participó directamente en cinco de los últimos seis goles (la excepción es el tanto a Rosario Central), tiene un 76 por ciento de precisión en sus pases (166 en la Superliga) y es el goleador albirrojo con tres gritos (con el detalle de que solo jugó cinco encuentros como titular).

Estudiantes era una estructura previsible… hasta que entró la Gata y aportó la “doble P”: paciencia y profundidad.

El ataque de Estudiantes evolucionó y eso, en gran parte, se debió a Gastón Fernández. El N° 10 participó directamente en 5 de los últimos 6 goles del Pincha.

05 de diciembre de 2018

Por Máximo Randrup
Animación: Sergio Sandoval

Estudiantes tuvo un comienzo de semestre furioso, con triunfos ante los campeones de Argentina y América, pero enseguida la efervescencia desapareció. Al Pincha le ocurrió como a ese vaso de gaseosa recién servido que parece lleno de líquido y de golpe luce casi por la mitad: ante Boca y Gremio dio la imagen de equipo consolidado y esa ilusión se evaporó en un par de semanas.

Es que el conjunto de Leandro Benítez, en el fondo, no presentaba demasiados misterios (tenía intensidad, buena pelota quieta y las apiladas del dúo Rodríguez-Pellegrini) y por eso sus rivales no se demoraron en tomarle la mano. Cuando eso sucedió, el quiebre podría marcarse tras el encuentro ante Independiente, el director técnico comenzó a pensar variantes; sobre todo en ofensiva. Primero recurrió a Mariano Pavone y después le llegó el turno a Gastón Fernández.

Si bien Pavone fue fundamental en el despertar de Estudiantes, el cambio sustancial en el juego lo estimuló la Gata. Él provocó que el Pincha modificara su forma de atacar: canjeó vértigo por paciencia y, además, elevó la profundidad.

Mientras al inicio del semestre el elenco de Benítez intentaba ofensivas rápidas, ahora se caracteriza por avances con mayor elaboración. A la velocidad de los pibes, le agregó una pausa. Una pausa importante por dos motivos: permite pensar y esperar.


Cuando Fernández se hace del balón y frena (incluso en ocasiones gira hacia atrás) no está perdiendo el tiempo. Esos segundos le posibilitan tomar una buena decisión en segunda instancia y, también, aguardar que sus compañeros trepen hasta posiciones de mayor riesgo para el adversario. Por lo general, la Gata demora lo necesario como para que los laterales y los mediocampistas externos lleguen a zona de ataque. Eso, justamente eso, hizo ante Banfield (pase a Facundo Sánchez, centro y gol de Pavone) y eso, justamente eso, hizo contra Lanús (pase a Fernando Zuqui, centro y cabezazo de Lucas Albertengo que atajó el arquero).

En el mencionado choque frente al Taladro se inauguró su cadena de participaciones en los goles albirrojos. Ese día, tras el tanto del Tanque, metió un caño y cedió para Zuqui en el 2-0.

Luego llegaron sus goles: de tiro libre ante River, con ayuda de la barrera; con remates desde media distancia contra Colón y el Granate. Tres gritos, los tres producto de disparos desde afuera del área. Otra característica que Estudiantes casi no exhibía hasta el ingreso de Fernández (13 tiros al arco en el torneo).

¿Dónde juega la Gata? Lo pongan de enlace o delantero, él elige despegarse de las multitudes y flotar en esa delgada línea que queda libre entre marcadores y volantes rivales. Casi siempre por el centro. Desde ahí, donde brillaban los antiguos enganches, el N° 10 conduce y decide. A veces elige un toque corto para unir piezas, a veces mete un pase profundo para agrietar a la defensa, a veces remata para sorprender al arquero, a veces decide esperar para –unos segundos más tarde– volver a decidir.

A Fernández lo respalda el progreso que tuvo el Pincha desde su vuelta al equipo y también lo avalan los números: participó directamente en cinco de los últimos seis goles (la excepción es el tanto a Rosario Central), tiene un 76 por ciento de precisión en sus pases (166 en la Superliga) y es el goleador albirrojo con tres gritos (con el detalle de que solo jugó cinco encuentros como titular).

Estudiantes era una estructura previsible… hasta que entró la Gata y aportó la “doble P”: paciencia y profundidad.

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