De las épocas doradas, donde se quemaron más de 300 muñecos, a los 75 que se anotaron hasta hace pocos días para arder en los primeros minutos del 2019. El ritual de los clásicos momos platenses alcanzó este año su peor marca: ¿se está perdiendo la tradición?
Atentos a la merma, los integrantes de distintos grupos de muñequeros manifestaron su preocupación. Tan solo basta una recorrida por los barrios de la ciudad para corroborar la tendencia en baja. Los automovilistas y peatones ya no se cruzan con las estructuras de madera y papel maché o los chicos pintando en las esquinas, un paisaje que supo ser habitual para esta época del año. Los argumentos que esbozaron los artistas a 0221.com.ar iban desde los abultados presupuestos, los cambios culturales y hasta la sumatoria de requisitos para la habilitación de las estructuras.
"Antes cada dos cuadras tenías uno. Comenzó a caer la cantidad desde que se empezó a premiar. Cuando se vuelve un negocio es así, quedan los que comandan. Hasta ese momento, cada barrio hacía un muñeco como podía y con lo que tenía", dijo a este portal Emanuel Giúdice, del Grupo 19 y 73.
En concreto, en 2015 se registraron 120 momos, mientras que al año siguiente el número descendió a 101 y en 2017 se anotaron 87. Luego de extenderla en dos oportunidades, la inscripción de este año cerró el viernes 14 con 73 figuras, aunque se sumaron alrededor de cinco propuestas fuera de término.
Micaela, compañera de Emanuel en la construcción de "Coco", apuntó también al factor económico: la devaluación disparó los costos de los materiales. "Primero ponemos entre todos para poder comprar maderas, varillas y alambres. Este año hicimos un bingo, recibimos ayuda del barrio y de nuestras familias. Es costoso y hay que pasar vergüenza", reconoció. Para este momo estiman gastos arriba de 70 mil pesos.
En esa misma línea se manifestó Santiago Nicolino, del Grupo 36, Muñecos de Fin de Año. En los momos que recrean Toy Story ya llevan invertidos más de 10 mil pesos y creen que en los últimos días se triplicará. No obstante, los chicos de la tradicional esquina de 10 y 36 mantienen el legado de sus padres. "Somos todos de entre 17 y 19 años. La gente grande dejó en algún sentido y nosotros seguimos la tradición, más que nada para que no se corte", remarcó en diálogo con este medio.
"El barrio no existe más. Los nenes no salen a jugar a la vereda con el vecino, no se genera el vínculo de salir a construir un muñeco porque directamente no se conocen. Sus amigos son los chicos de la escuela", apuntó a este portal Iñaki Inchaurregui, de Esquina de Muñecos 28 y 46. A su vez, consideró que desde la Municipalidad le está dando "muy poca importancia" al incentivo de esta costumbre: "Creo que no toman dimensión de lo que pueden lograr con esto a nivel turístico", agregó.
Los integrantes de Drako también hicieron hincapié en los cambios culturales. "Hay que largar el celular y ensuciarse. Esa idea queremos llevar a los más chicos, que tengan las manos ocupadas y empiecen a mirarse desde otro lugar", dijo a 0221.com.ar Victor Sochanowicz, uno de los históricos del Grupo de Artistas Autodidactas Muñequeros.
A su vez, no perdió de vista cómo repercutieron las nuevas disposiciones municipales para lograr la habilitación de los momos. El decreto N° 2039/2008 y la ordenanza Nº 10456 establecen que los muñecos no pueden exceder los 6 metros de alto, 3 metros de ancho y 3 metros de largo y que su instalación debe contemplar un radio de seguridad de tres veces su altura. Tampoco deben contener pirotecnia en su interior.
"El hecho de que te saquen del barrio y de tu lugar, como malo que no tenés de dónde sacar luz, no tenés un baño, un poco de agua, que para los días de diciembre es básico. Lo que estamos pidiendo es un poquito más de regulación y organización en cuanto a la cooperación con los grupos. De qué forma puede ayudar el municipio para que esto no se pierda, porque viene en detrimento todos los años", siguió el integrante de GAAM Drako, que ya en 2017 tuvieron que mudar sus producciones de 77 entre 13 y 14 a 13 y 72.
Asimismo, en una estrategia para mantener intacta la llama, este año comenzaron a visitar distintas escuelas. Luego de contar su historia en los colegios San Cayetano y Castañeda, varios cursos sumarán sus muñecos a la gran estructura que montarán sobre la avenida.
Por su parte, desde la Municipalidad señalaron que la merma de inscriptos no fue significativa con respecto a 2017. "No es demasiado lo que ha bajado. El último año tuvimos 87, estamos casi en el mismo número", afirmó a este portal Leonel Antonini, director de Planeamiento de Eventos Especiales, dependiente de la Secretaría de Convivencia y Control Ciudadano.
A diferencia de lo que consideraron los muñequeros, el funcionario destacó que la Comuna fomenta la tradición, tanto desde la construcción como en el buen accionar al momento de la quema.
"Después temas de seguridad o económico, eso incide en el tipo de muñecos. Si bien bajó un poco en estos años, la cultura y la tradición están arraigadas, las generaciones se van renovando. No son razones culturales", insistió Antonini. En tanto, anticipó que en las próximas horas comenzarán con las inspecciones de los momos.