Pilar Pérez es una joven platense de 26 años. El sábado pasado, 27 de octubre, salió con sus amigas y un amigo a Guajira, el boliche ubicado en 49 entre 4 y 5, para ver la banda Brujos de la Chiclana. Al finalizar, cerca de las 5 de la mañana, salieron a la calle para tomarse un taxi. Apenas unos momentos antes, la seguridad del bar había echado por la fuerza a un hombre, agarrándolo del cuello y las piernas.
"Cuando nos dirigíamos hacia calle 5 para esperar un taxi, en apenas un segundo, vino ese pibe y nos dio una trompada a cada una. A la primera que le pegó fue a una amiga, y yo enseguida reaccioné: quise pegarle de vuelta pero ni siquiera pude, le revoleé la riñonera y me dio una trompada en la cabeza; se dio vuelta y le pegó a mi otra amiga y a mi amigo. Fue como un robot: hizo pá pá pá y nos pegó a todas", cuenta Pilar a 0221.com.ar a una semana de los hechos.
Rápidamente se acumuló gente alrededor y empezaron a gritarle al agresor: "Él le hacía frente a todos y se iba alejando lentamente. Lo corrimos varios metros hasta que una chica me comentó que nuestra amiga estaba herida en la puerta de Guajira", cuenta la joven. En efecto, una de sus amigas -la primera que recibió la piña- estaba tirada en el suelo y sangrando: al pegarle en la cara, el agresor le había roto los lentes causándole todavía más heridas.
En ese momento de desesperación, llantos e incertidumbre, se les acercó el personal de seguridad de Guajira con un DNI en la mano: era del hombre que las había golpeado y al salir corriendo había perdido su identificación. "Ahí unas chicas llamaron a la ambulancia y otras a la policía, que nunca vino. Me subí a la ambulancia con mi amiga y nos fuimos al hospital Rossi; las otras dos y nuestro amigo fueron a la Comisaría Primera a radicar la denuncia", recuerda Pilar.
Pero en esa dependencia, ubicada en 53 entre 9 y 10, no recibieron precisamente un buen trato. Según confió la joven a este portal, cuando comentaron el hecho una oficial les preguntó con sorna: "¿A vos te pegó? ¿Y a vos también? ¡Y a vos! ¡¡Che, qué capo el tipo eh, les pegó a todos!!!".
"Las hicieron sentarse y les pidieron que esperen. Pero había bastante gente, esperaron dos horas y se fueron. Mientras estuvieron sentadas les pidieron su nombre, teléfono y todos sus datos", explica Pilar. Mientras, ella acompañaba a su amiga, que terminó siendo intervenida con tres puntos en la cara por la golpiza de Rodríguez. Ahí, en el hospital, se encontraron con el dueño y el barman de Guajira, que fueron a asistirlas y posteriormente las acercaron a sus casas.

"Ellos habían visto lo que el pibe había generado adentro, los disturbios por los cuales lo habían sacado": según supieron después, esta persona se había mostrado insistente con muchas chicas, sacándolas a bailar y pidiéndoles cerveza, y en un momento determinado la situación se había tornado tan violenta que los agentes de seguridad terminaron por sacarlo a la fuerza.
Después de haber radicado una denuncia penal en la Fiscalía que conduce María Eugenia Di Lorenzo, donde además se acercaron como testigos los integrantes de la banda Brujos de la Chiclana y los dueños y trabajadores del boliche, Pilar reflexiona: "Creo que estaba drogado, estaba fuera de sí. Es eso o que era un enfermo violento, porque no le encuentro otra explicación".
Tanto ella como sus amigas habían hecho un posteo en Facebook para visibilizar la situación. "Subí eso y enseguida me empiezan a llegar una cantidad de mensajes de los familiares: el tío, la prima, el padre, la abuela. La madre fue la única que no me puteó, y habló más pasivamente. Ninguna de nosotras le escribió al chico por privado, pero él eliminó su Facebook. La familia dice que lo estaban amenazando; nosotras no fuimos, por ahí la gente que leyó nuestro posteo", piensa.
Más allá de las amenazas y los comentarios negativos, Pilar rescata el hecho de haber podido, finalmente, denunciar. La carátula del delito es lesiones y en apenas unas semanas le llegará una notificación sobre su imputación. Otra cosa que rescata es la actitud de todas las mujeres que enfrentaron al agresor: "No las conozco, pero si leen esto quiero que sepan que les agradecemos eternamente".