Qué es de la vida del Pícaro Fernández, un goleador "seguro" que dejó huella en el Lobo
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Qué es de la vida del Pícaro Fernández, un goleador "seguro" que dejó huella en el Lobo y Vélez

Desde los 8 años su sueño era jugar a la pelota, lo hizo en un club de la liga de su pueblo, pero sus ingresos los tenía como cajero de un banco hasta que recibió un llamado de Gimnasia y a partir de ahí todo cambió. Ganó una Libertadores y una Intercontinental con Vélez, hizo goles para el recuerdo, aunque un día dijo basta.

Volvió a sus pagos, a su lugar en el mundo, en Coronel Suárez y ahí encontramos en esta recorrida de 0221.com.ar a Fabián Oscar Fernández, el Pícaro, con la simpatía y buena onda que siempre fue parte de su adn.

“Yo jugada en Deportivo Sarmiento (el equipo que hoy dirige su amigo Carlos Odriozola), en Gimnasia ya me había probado pero no quedé, hasta que llegó una nueva oportunidad, el técnico era Gregorio Pérez, decidí probar pero ya era grande, tenía 22 años y no quería perder mi trabajo. por las dudas. Entonces pedí un año de licencia en el banco y me fui con todas las ilusiones”, cuenta el Pícaro.

Sentado en su oficina decorada con cuadros de camisetas, continúa con su historia: “No sabía cómo me iba a ir, llegué al Lobo y a pesar de aquella prueba que había tenido no conocía la ciudad y mucho menos Capital. Tanto es así, que yo era hincha de River y cuando conocí el Monumental fue con la camiseta de Gimnasia entrando por el túnel. Fue un gran impacto. Son recuerdos que no te los quita nadie”.

Y ese fue el día de su debut en el Lobo, un 21 de septiembre de 1991 y fue victoria millonaria por 3 a 0. Entró por el Tiburón Miranda. En total jugó 57 partidos en Gimnasia y convirtió 16 goles. “Tuve la suerte de hacerle goles a River y a Boca y eso te da notoriedad, te hace más público, son momentos que se recuerdan con cariño”, dice.

VENDEDOR SEGUROS Y ALGO MAS

Fernández, con su simpleza habitual, cuenta de su vida hoy y es otra de las historias que sorprenden: “Trabajo en una oficina de seguros y hace algunos años me recibí de martillero y corredor público, aunque es un rubro que todavía no ejercí. Vivimos bien con mi señora que es docente”.

Más adelante añade que “nuestra vida es muy tranquila, trabajamos, programamos las vacaciones como cualquiera, tenemos una vida normal y estoy conforme con lo que tengo”.

El Pícaro tiene dos hijos con vuelo propio. El más grande es Emiliano, tiene 24 y se recibió de kinesiólogo; mientras que Rocío de 20 es estudiante de arquitectura. Confiesa que eligió la vida de su Coronel Suárez “porque siempre laburé, me gusta y no me molesta hacerlo, no sirvo para no hacer nada”.

“Lo que gané en el fútbol me permite llevar esta vida tranquila, sin lujos pero sin sobresaltos. Lo que generaste lo tenés que cuidar. Tengo un campo pero no me siento cómodo en ese rubro y entonces lo tengo arrendado”, remarca.

DE FÚTBOL, POCO Y NADA

“Del fútbol estoy alejado completamente, ni siquiera lo juego con amigos y tampoco lo miro por la tele. Sólo cuando juega la Selección y algún partido que voy con mi hijo al Amalfitani, porque se hizo hincha de Vélez”, sostiene aquél rubio delantero de buenos momentos en el elenco tripero.

En otro tramo de la charla recuerda que “desde que dejé de jugar en el ascenso con Olimpo sólo me volví a poner los cortos en la despedida de (José Luis) Chilavert y en un homenaje que organizó Vélez para recordar las copas. Mi único lazo con el deporte hoy es caminar, andar en bicicleta y golf, una vez por semana”.

En la recorrida por el hoy del Pícaro Fernández hay más sorpresas, no todo es vender seguros, jugar al golf. También hay tiempo para “restaurar y reciclar muebles antiguos que vamos comprando”. Ahí se lo puede ubicar por instagram y facebook en “El Estribo”.

Por qué nada de vinculación con el fútbol y la respuesta es sencilla: “Meterse en un cuerpo técnico es más fácil para el que vive en Buenos Aires o en las grandes ciudades, son las salidas laborales más comunes pero no me interesó, opté por la vida en el interior, que es distinta, no se anda tan apurado”.

Su buen presente en Gimnasia le dio la oportunidad de llegar a Vélez y fue parte en la temporada 94/95 del plantel que ganó la Libertadores y la Intercontinental: “No jugué mucho (24 partidos y marcó 4 goles), tenía por delante el Turco Omar Asad y al Turu Flores, dos grandes delanteros, pero las medallas y esas alegría no me las quita nadie”.

El final de la recorrida llegó. Y aparece el último recuerdo y otro título para el Pícaro: “Fui parte del plantel que ganó el Torneo Centenario. Hasta diciembre con Carlos Ramaciotti y Edgardo Sbrissa jugábamos con tres delanteros, junto a Guillermo (Barros Schelotto) y Hugo (Guerra), pero la final la dirigió (Roberto) Perfumo y jugó con dos, y yo me quedé en el banco. Igual soy parte de todo eso”.

Así pasó esta nueva historia: bancario, futbolista, vendedor de seguros y de hobby restaurador de muebles. El Pícaro Fabián Fernández, con los 50 recién cumplidos en su amado y tranquilo Coronel Suárez.

Desde los 8 años su sueño era jugar a la pelota, lo hizo en un club de la liga de su pueblo, pero sus ingresos los tenía como cajero de un banco hasta que recibió un llamado de Gimnasia y a partir de ahí todo cambió. Ganó una Libertadores y una Intercontinental con Vélez, hizo goles para el recuerdo, aunque un día dijo basta.

10 de noviembre de 2018

Volvió a sus pagos, a su lugar en el mundo, en Coronel Suárez y ahí encontramos en esta recorrida de 0221.com.ar a Fabián Oscar Fernández, el Pícaro, con la simpatía y buena onda que siempre fue parte de su adn.

“Yo jugada en Deportivo Sarmiento (el equipo que hoy dirige su amigo Carlos Odriozola), en Gimnasia ya me había probado pero no quedé, hasta que llegó una nueva oportunidad, el técnico era Gregorio Pérez, decidí probar pero ya era grande, tenía 22 años y no quería perder mi trabajo. por las dudas. Entonces pedí un año de licencia en el banco y me fui con todas las ilusiones”, cuenta el Pícaro.

Sentado en su oficina decorada con cuadros de camisetas, continúa con su historia: “No sabía cómo me iba a ir, llegué al Lobo y a pesar de aquella prueba que había tenido no conocía la ciudad y mucho menos Capital. Tanto es así, que yo era hincha de River y cuando conocí el Monumental fue con la camiseta de Gimnasia entrando por el túnel. Fue un gran impacto. Son recuerdos que no te los quita nadie”.

Y ese fue el día de su debut en el Lobo, un 21 de septiembre de 1991 y fue victoria millonaria por 3 a 0. Entró por el Tiburón Miranda. En total jugó 57 partidos en Gimnasia y convirtió 16 goles. “Tuve la suerte de hacerle goles a River y a Boca y eso te da notoriedad, te hace más público, son momentos que se recuerdan con cariño”, dice.

VENDEDOR SEGUROS Y ALGO MAS

Fernández, con su simpleza habitual, cuenta de su vida hoy y es otra de las historias que sorprenden: “Trabajo en una oficina de seguros y hace algunos años me recibí de martillero y corredor público, aunque es un rubro que todavía no ejercí. Vivimos bien con mi señora que es docente”.

Más adelante añade que “nuestra vida es muy tranquila, trabajamos, programamos las vacaciones como cualquiera, tenemos una vida normal y estoy conforme con lo que tengo”.

El Pícaro tiene dos hijos con vuelo propio. El más grande es Emiliano, tiene 24 y se recibió de kinesiólogo; mientras que Rocío de 20 es estudiante de arquitectura. Confiesa que eligió la vida de su Coronel Suárez “porque siempre laburé, me gusta y no me molesta hacerlo, no sirvo para no hacer nada”.

“Lo que gané en el fútbol me permite llevar esta vida tranquila, sin lujos pero sin sobresaltos. Lo que generaste lo tenés que cuidar. Tengo un campo pero no me siento cómodo en ese rubro y entonces lo tengo arrendado”, remarca.

DE FÚTBOL, POCO Y NADA

“Del fútbol estoy alejado completamente, ni siquiera lo juego con amigos y tampoco lo miro por la tele. Sólo cuando juega la Selección y algún partido que voy con mi hijo al Amalfitani, porque se hizo hincha de Vélez”, sostiene aquél rubio delantero de buenos momentos en el elenco tripero.

En otro tramo de la charla recuerda que “desde que dejé de jugar en el ascenso con Olimpo sólo me volví a poner los cortos en la despedida de (José Luis) Chilavert y en un homenaje que organizó Vélez para recordar las copas. Mi único lazo con el deporte hoy es caminar, andar en bicicleta y golf, una vez por semana”.

En la recorrida por el hoy del Pícaro Fernández hay más sorpresas, no todo es vender seguros, jugar al golf. También hay tiempo para “restaurar y reciclar muebles antiguos que vamos comprando”. Ahí se lo puede ubicar por instagram y facebook en “El Estribo”.

Por qué nada de vinculación con el fútbol y la respuesta es sencilla: “Meterse en un cuerpo técnico es más fácil para el que vive en Buenos Aires o en las grandes ciudades, son las salidas laborales más comunes pero no me interesó, opté por la vida en el interior, que es distinta, no se anda tan apurado”.

Su buen presente en Gimnasia le dio la oportunidad de llegar a Vélez y fue parte en la temporada 94/95 del plantel que ganó la Libertadores y la Intercontinental: “No jugué mucho (24 partidos y marcó 4 goles), tenía por delante el Turco Omar Asad y al Turu Flores, dos grandes delanteros, pero las medallas y esas alegría no me las quita nadie”.

El final de la recorrida llegó. Y aparece el último recuerdo y otro título para el Pícaro: “Fui parte del plantel que ganó el Torneo Centenario. Hasta diciembre con Carlos Ramaciotti y Edgardo Sbrissa jugábamos con tres delanteros, junto a Guillermo (Barros Schelotto) y Hugo (Guerra), pero la final la dirigió (Roberto) Perfumo y jugó con dos, y yo me quedé en el banco. Igual soy parte de todo eso”.

Así pasó esta nueva historia: bancario, futbolista, vendedor de seguros y de hobby restaurador de muebles. El Pícaro Fabián Fernández, con los 50 recién cumplidos en su amado y tranquilo Coronel Suárez.

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