Javier nació con una dificultad motora y camina varios kilómetros para ir al trabajo
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Javier nació con una dificultad motora y camina varios kilómetros para ir al trabajo

Fue prematuro, estuvo más de seis meses internado y superó graves complicaciones en su salud. Egresó de la Escuela Especial 536 y hace casi dos semanas empezó a cumplir tareas en la delegación municipal de Villa Elisa. 

Desde la entrada del barrio El Rincón hasta Camino Centenario y 43. Caminando o al trote. Pero siempre cantando canciones de Estudiantes. A veces va más lento, con lluvia o sol pleno, pero Javier Rodríguez siempre llega puntual a la delegación municipal de Villa Elisa, donde empezó a trabajar hace poco más de diez días. La hemiparesia le afectó el brazo y la pierna derecha, pero nunca fue un obstáculo: el chico de 19 años y con retraso psicomotor hace tareas de mantenimiento como cualquiera de sus compañeros. 

Rosana Vega cursaba la semana 24 del embarazo cuando tuvieron que hacerle una cirugía de urgencia en el Hospital San Martín. "Fue una mala praxis, me dejaron más de catorce días con la bolsa rota. La enfermera se dio cuenta de que volaba de fiebre y me hicieron la cesárea. Los médicos me dejaron sacarle una foto en neo porque decían que no pasaba de la semana de vida", relató a 0221.com.ar la mamá de Javier, al que le dieron el alta recién a los seis meses, luego de complejos panoramas, marcados por hemorragias y perforaciones en los pulmones. 

Sin obra social ni pensión y en un contexto de vulnerabilidad económica, hizo estimulación temprana y luego empezó a ir a la Escuela Especial N° 536. Pese a haber egresado, el adolescente seguía yendo al colegio de Diagonal 427 de la zona norte de La Plata. Como todos los días lo encontraban sentado en la puerta, las docentes empezaron a buscarle un trabajo. La solución estaba a pocas cuadras: le pidieron una mano la titular del centro comunal de la localidad. 

"Cuando me vinieron a ver me contaron su historia y les dije que lo traigan porque lo quería conocer", contó la delegada Virginia Pérez Cattaneo a este medio. El encuentro se dio la segunda vez que Javier se acercó al edificio de Camino Centenario. Le contó que le gustaba correr, que era muy rápido y que podía estar en los camiones de recolección de residuos. 

Como una versión local de Forrest Gump, el chico salió disparando hacia su casa con una sonrisa de oreja a oreja para contarle la novedad a su madre: "Mami, ya está, quedé". La otra mañana se levantó a las cinco y a las seis ya estaba en la calle, rumbo a la delegación. 

"Para él, más que un trabajo es estar ocupado. Tiene que estar ocupado todo el tiempo", remarcó Rosana, que en junio de 2017 perdió a uno de sus hijos en un accidente de tránsito. 

Javier hace un turno simple: entra a las 7 de la mañana y se va al mediodía. Pérez Cattaneo destacó que tiene los mismos beneficios que los 80 cooperativistas que trabajan en la delegación y que sus compañeros lo recibieron muy bien. "La verdad es que es un pibe que te llena el alma, es súper educado y las ganas con las que viene son increíbles", comentó. 

Cuando termina su horario, vuelve a almorzar a su vivienda y hay veces en las que sigue apareciendo en la puerta de la escuela. También suele pasar mucho tiempo en la biblioteca de Villa Elisa. 

En ese sentido, Rosana agregó que su hijo no se priva de nada: "En vez de caminar al año, o año y medio como la mayoría de los chicos, lo hizo a los tres. Todo es un poco más lento que los demás pero hace todo lo que quiere hacer".

"Viene re contento de la delegación, pero no en todos lados son iguales, en otros lados lo han cargado. Más de una vez nos tocó viajar en un colectivo y que lo miren mal o de reojo. Me pelo con Dios y María Santísima, es diez veces mejor que todos nosotros. Tiene pequeñas dificultades pero no deja de ser una persona", destacó su mamá a este medio. 

La delegada subrayó que su gestión avanza hacia un modelo de centro comunal cada vez más inclusivo. Entre el personal se cuentan Pablo, Leonardo y Valentín, tres jóvenes con hipoacusia, que se encargan del mantenimiento de avenida Arana. 

"Cada vez que logra algo es impresionante. Pensar que cuando nació me dijeron que esperara un bebé en estado vegetativo", recordó Rosana. Pero se equivocaron; Javier baila en una murga y sueña con seguir estudiando. Mientras, va y viene como un rayo, con los temas del Pincha que salen de su boca.

Fue prematuro, estuvo más de seis meses internado y superó graves complicaciones en su salud. Egresó de la Escuela Especial 536 y hace casi dos semanas empezó a cumplir tareas en la delegación municipal de Villa Elisa. 

10 de noviembre de 2018

Desde la entrada del barrio El Rincón hasta Camino Centenario y 43. Caminando o al trote. Pero siempre cantando canciones de Estudiantes. A veces va más lento, con lluvia o sol pleno, pero Javier Rodríguez siempre llega puntual a la delegación municipal de Villa Elisa, donde empezó a trabajar hace poco más de diez días. La hemiparesia le afectó el brazo y la pierna derecha, pero nunca fue un obstáculo: el chico de 19 años y con retraso psicomotor hace tareas de mantenimiento como cualquiera de sus compañeros. 

Rosana Vega cursaba la semana 24 del embarazo cuando tuvieron que hacerle una cirugía de urgencia en el Hospital San Martín. "Fue una mala praxis, me dejaron más de catorce días con la bolsa rota. La enfermera se dio cuenta de que volaba de fiebre y me hicieron la cesárea. Los médicos me dejaron sacarle una foto en neo porque decían que no pasaba de la semana de vida", relató a 0221.com.ar la mamá de Javier, al que le dieron el alta recién a los seis meses, luego de complejos panoramas, marcados por hemorragias y perforaciones en los pulmones. 

Sin obra social ni pensión y en un contexto de vulnerabilidad económica, hizo estimulación temprana y luego empezó a ir a la Escuela Especial N° 536. Pese a haber egresado, el adolescente seguía yendo al colegio de Diagonal 427 de la zona norte de La Plata. Como todos los días lo encontraban sentado en la puerta, las docentes empezaron a buscarle un trabajo. La solución estaba a pocas cuadras: le pidieron una mano la titular del centro comunal de la localidad. 

"Cuando me vinieron a ver me contaron su historia y les dije que lo traigan porque lo quería conocer", contó la delegada Virginia Pérez Cattaneo a este medio. El encuentro se dio la segunda vez que Javier se acercó al edificio de Camino Centenario. Le contó que le gustaba correr, que era muy rápido y que podía estar en los camiones de recolección de residuos. 

Como una versión local de Forrest Gump, el chico salió disparando hacia su casa con una sonrisa de oreja a oreja para contarle la novedad a su madre: "Mami, ya está, quedé". La otra mañana se levantó a las cinco y a las seis ya estaba en la calle, rumbo a la delegación. 

"Para él, más que un trabajo es estar ocupado. Tiene que estar ocupado todo el tiempo", remarcó Rosana, que en junio de 2017 perdió a uno de sus hijos en un accidente de tránsito. 

Javier hace un turno simple: entra a las 7 de la mañana y se va al mediodía. Pérez Cattaneo destacó que tiene los mismos beneficios que los 80 cooperativistas que trabajan en la delegación y que sus compañeros lo recibieron muy bien. "La verdad es que es un pibe que te llena el alma, es súper educado y las ganas con las que viene son increíbles", comentó. 

Cuando termina su horario, vuelve a almorzar a su vivienda y hay veces en las que sigue apareciendo en la puerta de la escuela. También suele pasar mucho tiempo en la biblioteca de Villa Elisa. 

En ese sentido, Rosana agregó que su hijo no se priva de nada: "En vez de caminar al año, o año y medio como la mayoría de los chicos, lo hizo a los tres. Todo es un poco más lento que los demás pero hace todo lo que quiere hacer".

"Viene re contento de la delegación, pero no en todos lados son iguales, en otros lados lo han cargado. Más de una vez nos tocó viajar en un colectivo y que lo miren mal o de reojo. Me pelo con Dios y María Santísima, es diez veces mejor que todos nosotros. Tiene pequeñas dificultades pero no deja de ser una persona", destacó su mamá a este medio. 

La delegada subrayó que su gestión avanza hacia un modelo de centro comunal cada vez más inclusivo. Entre el personal se cuentan Pablo, Leonardo y Valentín, tres jóvenes con hipoacusia, que se encargan del mantenimiento de avenida Arana. 

"Cada vez que logra algo es impresionante. Pensar que cuando nació me dijeron que esperara un bebé en estado vegetativo", recordó Rosana. Pero se equivocaron; Javier baila en una murga y sueña con seguir estudiando. Mientras, va y viene como un rayo, con los temas del Pincha que salen de su boca.

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