De central a dirigir torneos en intercountries: ¿qué fue de la vida de Carlos Russo?
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De central a dirigir torneos en intercountries: ¿qué fue de la vida de Carlos Russo?

A mediados de la década del 80 llegó a Gimnasia y se convirtió en un referente de la defensa del equipo que dirigía Luis Garisto. Los hinchas del Lobo se identificaron rápidamente con su juego. Fue un personaje pintoresco dentro y fuera de la cancha. Llegó al mens sana por una rifa y se fue por la puerta grande.

A los 57, con los rulos como parte del pasado, Carlos Russo rememora sus buenas épocas en el fútbol. “Yo me formé en River pero el Bambino (Héctor Veira) fue claro conmigo y me dijo que iba a empezar muy atrás, era el quinto defensor del plantel y yo quería jugar. Salió la chance de Cipolletti y me fui a Río Negro. Ahí jugué con Blas Giunta y Marcelo Yorno”, cuenta tiempo después de aquellos años en los que vistió pantalones cortos para despuntar su pasión.

"Mi llegada a Gimnasia se dio después de pelear también con San Lorenzo. Los dirigentes me hicieron una propuesta por el sueldo y la prima y no dudé porque en el Ciclón solo aceptaban pagarme el salario mensual”, cuenta a 0221.com.ar Russo.

Después de su primer año en el club, el Lobo no atravesaba una buena situación económica, pero el técnico y la gente querían su continuidad y llegaron a un acuerdo de una manera muy particular. Russo, ríe y recuerda que “la gente tuvo la idea de hacer una rifa, organizaron la venta de bonos y con eso, más lo que el club recaudó con un recital que dio Joan Manuel Serrat, en la cancha juntaron la plata y me quedé”.

Casi 30 años después, vive en la Capital Federal y tiene 4 hijos de dos matrimonios. Hoy sueña con dirigir, pero asegura que "las chances de trabajar no son muchas". "Ahora estoy viendo algunas posibilidades y esperando que se de algo. Dirigí algunos equipos en los torneos inter countrys”, agrega.

“Estuve hace unos años como ayudante del Tata Brown en el Blooming, fui parte del cuerpo técnico de Garisto y Pancho Sa cuando estuvieron en Banfield y con Luis Islas en Español. Después en algunos equipos del ascenso en la parte de juveniles”, explica Russo, quien ya hace sus primeros pasos para llegar a ser DT. Pero el exdefensor mens sana sana lejos estuvo de quedarse con los brazos cruzados esperando la llegada de una oferta: “Trabajé bastante en el beach soccer y representé al seleccionado en varios torneos, fue una experiencia muy buena", cuenta.

Años atrás, Russo tuvo su chance en el Lobo. Volvió al club como entrenador de juveniles y trabajó dos años en la octava, dirigiendo a las categorías '92 y '93, de las que surgieron destacados jugadores de la talla de Lisandro Magallán, Franco Mussis, Alan Ruiz y Agustín Curima, entre otros. “Me pone bien ver que muchos llegaron. Recuerdo que Mussis jugaba de 9, en esa categoría y por su potencia marcaba diferencia, pero noté que a medida que crecía se le iba a complicar por su altura. Hablamos y lo convencí para ponerlo de volante por derecha. Creo que fue un acierto”, reflexiona sobre aquellos años.

Russo tuvo una extensa carrera como futbolista. En su recorrido pasó por River, Platense, Cipolletti, Gimnasia, Emelec, Barcelona de Ecuador, Unión Española de Chile, San Martín de Tucumán y Gimnasia y Tiro de Salta. “Ahí jugué un partido tremendo con Estudiantes. Los dos peleábamos por la permanencia. Nos ganaban en nuestra cancha. Ese día hice de todo, un gol en contra, uno a favor y me expulsaron. Nos ganaban y dimos vuelta el resultado. A las pocas fechas descendieron”, recuerda 


A pesar de aquellos días, Russo guarda un cariño para el clásico rival que le tocó enfrentar varias veces vistiendo la casaca albiazul. “Con la gente de Estudiantes jamás tuve problemas. En todos los años que estuve en La Plata siempre me trataron con mucho respeto. Ese clásico es increíble, de los mejores que jugué. No tuve la suerte de estar en uno rosarino, pero es apasionante por todo lo que se vive antes y después”, remarca el exmarcador tripero.

Durante aquellos años compartió la defensa con Osvaldo Ingrao, Claudio Galvagni y Eusebio Espínola, entre muchos otros. En Gimnasia jugó 117 partidos, marcó 12 goles en choques oficiales y disputó 6 clásicos: “El único que me perdí fue el 100. En uno hice 2 goles de penal pero Estudiantes se nos vino con todo, nos empató y se cayó el alambrado en uno de los festejos. El partido se suspendió, menos mal porque creo que como venía lo terminábamos perdiendo”, cuenta entre risas. Russo también fue parte del famoso clásico del helicóptero que se usó para secar la cancha: “Estábamos en el vestuario y no lo podíamos creer. La Plata vive una fiesta muy linda con esos clásicos. Yo los disfrutaba mucho”, agrega.

Aunque añora aquellos años, Russo tiene poco de qué arrepentirse. “River es un club increíble, en Ecuador la pasé bárbaro y me fue muy bien en lo deportivo, pero lo mejor de mi carrera lo viví en Gimnasia sin dudas. Fue la camiseta que más me puse y dejé amigos y una relación hermosa con los hinchas”, señala Carlos Gerado Russo a 0221.com.ar mientras se despide lleno de recuerdos y, a sus 57 años, con la misma vitalidad que demostró siempre durante su paso por la ciudad de las diagonales.

A mediados de la década del 80 llegó a Gimnasia y se convirtió en un referente de la defensa del equipo que dirigía Luis Garisto. Los hinchas del Lobo se identificaron rápidamente con su juego. Fue un personaje pintoresco dentro y fuera de la cancha. Llegó al mens sana por una rifa y se fue por la puerta grande.

13 de octubre de 2018

A los 57, con los rulos como parte del pasado, Carlos Russo rememora sus buenas épocas en el fútbol. “Yo me formé en River pero el Bambino (Héctor Veira) fue claro conmigo y me dijo que iba a empezar muy atrás, era el quinto defensor del plantel y yo quería jugar. Salió la chance de Cipolletti y me fui a Río Negro. Ahí jugué con Blas Giunta y Marcelo Yorno”, cuenta tiempo después de aquellos años en los que vistió pantalones cortos para despuntar su pasión.

"Mi llegada a Gimnasia se dio después de pelear también con San Lorenzo. Los dirigentes me hicieron una propuesta por el sueldo y la prima y no dudé porque en el Ciclón solo aceptaban pagarme el salario mensual”, cuenta a 0221.com.ar Russo.

Después de su primer año en el club, el Lobo no atravesaba una buena situación económica, pero el técnico y la gente querían su continuidad y llegaron a un acuerdo de una manera muy particular. Russo, ríe y recuerda que “la gente tuvo la idea de hacer una rifa, organizaron la venta de bonos y con eso, más lo que el club recaudó con un recital que dio Joan Manuel Serrat, en la cancha juntaron la plata y me quedé”.

Casi 30 años después, vive en la Capital Federal y tiene 4 hijos de dos matrimonios. Hoy sueña con dirigir, pero asegura que "las chances de trabajar no son muchas". "Ahora estoy viendo algunas posibilidades y esperando que se de algo. Dirigí algunos equipos en los torneos inter countrys”, agrega.

“Estuve hace unos años como ayudante del Tata Brown en el Blooming, fui parte del cuerpo técnico de Garisto y Pancho Sa cuando estuvieron en Banfield y con Luis Islas en Español. Después en algunos equipos del ascenso en la parte de juveniles”, explica Russo, quien ya hace sus primeros pasos para llegar a ser DT. Pero el exdefensor mens sana sana lejos estuvo de quedarse con los brazos cruzados esperando la llegada de una oferta: “Trabajé bastante en el beach soccer y representé al seleccionado en varios torneos, fue una experiencia muy buena", cuenta.

Años atrás, Russo tuvo su chance en el Lobo. Volvió al club como entrenador de juveniles y trabajó dos años en la octava, dirigiendo a las categorías '92 y '93, de las que surgieron destacados jugadores de la talla de Lisandro Magallán, Franco Mussis, Alan Ruiz y Agustín Curima, entre otros. “Me pone bien ver que muchos llegaron. Recuerdo que Mussis jugaba de 9, en esa categoría y por su potencia marcaba diferencia, pero noté que a medida que crecía se le iba a complicar por su altura. Hablamos y lo convencí para ponerlo de volante por derecha. Creo que fue un acierto”, reflexiona sobre aquellos años.

Russo tuvo una extensa carrera como futbolista. En su recorrido pasó por River, Platense, Cipolletti, Gimnasia, Emelec, Barcelona de Ecuador, Unión Española de Chile, San Martín de Tucumán y Gimnasia y Tiro de Salta. “Ahí jugué un partido tremendo con Estudiantes. Los dos peleábamos por la permanencia. Nos ganaban en nuestra cancha. Ese día hice de todo, un gol en contra, uno a favor y me expulsaron. Nos ganaban y dimos vuelta el resultado. A las pocas fechas descendieron”, recuerda 


A pesar de aquellos días, Russo guarda un cariño para el clásico rival que le tocó enfrentar varias veces vistiendo la casaca albiazul. “Con la gente de Estudiantes jamás tuve problemas. En todos los años que estuve en La Plata siempre me trataron con mucho respeto. Ese clásico es increíble, de los mejores que jugué. No tuve la suerte de estar en uno rosarino, pero es apasionante por todo lo que se vive antes y después”, remarca el exmarcador tripero.

Durante aquellos años compartió la defensa con Osvaldo Ingrao, Claudio Galvagni y Eusebio Espínola, entre muchos otros. En Gimnasia jugó 117 partidos, marcó 12 goles en choques oficiales y disputó 6 clásicos: “El único que me perdí fue el 100. En uno hice 2 goles de penal pero Estudiantes se nos vino con todo, nos empató y se cayó el alambrado en uno de los festejos. El partido se suspendió, menos mal porque creo que como venía lo terminábamos perdiendo”, cuenta entre risas. Russo también fue parte del famoso clásico del helicóptero que se usó para secar la cancha: “Estábamos en el vestuario y no lo podíamos creer. La Plata vive una fiesta muy linda con esos clásicos. Yo los disfrutaba mucho”, agrega.

Aunque añora aquellos años, Russo tiene poco de qué arrepentirse. “River es un club increíble, en Ecuador la pasé bárbaro y me fue muy bien en lo deportivo, pero lo mejor de mi carrera lo viví en Gimnasia sin dudas. Fue la camiseta que más me puse y dejé amigos y una relación hermosa con los hinchas”, señala Carlos Gerado Russo a 0221.com.ar mientras se despide lleno de recuerdos y, a sus 57 años, con la misma vitalidad que demostró siempre durante su paso por la ciudad de las diagonales.

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