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El propósito no es una fórmula: ¿qué le da sentido a tu vida?

¿Qué le da sentido a tu vida? Una mirada honesta sobre el propósito, lejos del discurso motivacional y cerca de la ciencia.

A veces me leo y digo: señora, ¿usted está escribiendo autoayuda? Y es que nunca me gustó mucho eso, como si se tratara de alguna cosa medio "chanta", con falta de sustento científico. Porque lo que sí soy es una persona que cree en la ciencia. Me encuentro entonces, revisando si hablar del propósito de la vida tiene algún propósito o es solo marketing para vender cursos sobre bienestar.

Hace un tiempo leí el libro "Ikigai: Los secretos de Japón para una vida larga y feliz" (García y Miralles), y la idea de identificar mi propósito de vida se sembró en mí. Este concepto japonés, el ikigai, se refiere a "aquello que da sentido y alegría a la vida cada mañana", nuestra "razón de ser". Y la verdad, en nuestro contexto actual de preocupaciones reales, hostilidad y malestar colectivo, pensar en una razón para ser feliz cada mañana parece lejano.

Aunque yo no estoy tan segura de aquello, por eso hoy quiero compartir algunas ideas para, y a pesar de, encontrar un poco de esa "razón de ser", y reconocer que personas, actividades, momentos y experiencias nos hacen sentir bien y nos ayudan a conectar con nosotras/os y con otras personas.

Mi ikigai anda por estos lados: acompañar a las personas a estar un poco mejor cada día, ayudar a transitar el malestar y el enojo.

¿Qué le da sentido a tu vida?

Esto que le da sentido a tu vida no aparece de golpe, con un cartel que diga "acá está". Es más bien un proceso: cultivar aquello que nos hace bien puede ser una fuente de conexión, bienestar y esperanza. Reconocer esas personas, actividades, momentos y experiencias que nos hacen sentir vivas y vivos nos ayuda a conectar con nosotras/os, con los demás y con la vida, de una forma más profunda.

¿Y cómo se hace, en la práctica, para conectar con eso? No hay una respuesta inmediata, ni una fórmula que sirva para todas y todos. Reconocer aquello que da sentido a nuestra vida pide curiosidad, atención y tiempo. Algunos caminos que ayudan a empezar:

Recordar momentos o situaciones que te hayan hecho sentir bien

¿Por qué vale prestarle atención?

Cuando le dedicamos tiempo y atención a algo, llegamos a profundizar más en eso, y eso nos permite conectar de forma auténtica. Si nos relacionamos con el mundo y con los demás desde la superficialidad y la inmediatez, difícilmente nos sentiremos realizadas o realizados. Difícilmente podremos transitar nuestras emociones y los problemas, o lo haremos desde la reactividad y la impulsividad que genera lo automático, la urgencia y lo instantáneo. Terminamos siendo dependientes del entorno, en vez de actuar desde la calma y la voluntad.

Esto se traduce en beneficios concretos: reduce el estrés y aumenta la sensación de paz mental, porque deja de haber una tensión constante entre lo que hacemos y lo que realmente nos importa; facilita una comunicación más abierta y sincera con las y los demás, porque cuando una persona sabe qué la mueve, puede compartirlo sin necesidad de máscaras; y ayuda a alinear tus acciones diarias con lo que de verdad te importa en la vida, de manera que las decisiones cotidianas -grandes o pequeñas- dejan de sentirse arbitrarias.

¿Por qué cuesta tanto sostener un proceso?

Acá es fundamental hablar de cómo en la actualidad todo resulta inmediato y nos cuestan los procesos que, en general, son más prolongados. Desde el psicoanálisis se piensa la diferencia entre lo mediato y lo inmediato como dos formas distintas de procesar lo que nos pasa: hay tensiones que se resuelven en el momento, y hay otras que necesitan tiempo para transformarse. Ese tiempo es el que permite que una experiencia deje de ser solo una sensación confusa y se convierta en algo que podemos nombrar, entender y que empieza a tener sentido dentro de nuestra propia historia.

El problema es que esta lógica choca de frente con la cultura actual, que premia lo instantáneo y desconfía de lo que lleva tiempo. Encontrar eso que le da sentido a tu vida es, justamente, uno de esos procesos que no se apuran.

Reconocer las actividades que te hacen bien

¿Y si el contexto no ayuda?

Sé que todo esto puede sonar muy lindo y que, en la práctica, la realidad parece imponerse de una manera contundente, a veces aplastante. Hay cientos de cosas que nos pasan a diario -diría que la mayoría de ellas- sobre las que no tenemos control ni posibilidad de acción. Acá te invito a transitar esos momentos con mayor claridad de para dónde querés ir, aprendiendo a reconocer esas cosas que te hacen bien para surfear la ola un poco más estable.

Porque no se trata de vivir como si alrededor nada pasara, ni de que todo cobre un sentido sobrenatural y extremo. Se trata de buscar un punto intermedio, más cercano a aquello que nos hace bien, que pueda ayudarnos cuando transitamos experiencias de dolor. Y cuando ese malestar se sostiene en el tiempo, o cuando sentís que no alcanza con estas herramientas, el acompañamiento de un profesional de la salud mental puede marcar la diferencia: no es un paso posterior a este trabajo personal, sino parte de él.

Te invito, entonces, a reconocer esas personas, actividades, momentos y experiencias que le dan sentido a tu vida, aunque sea de a poco y sin apuro. A buscar ayuda profesional si te sentís mal, sobrepasada o sobrepasado, con un malestar que se prolonga, porque pedir ayuda también es una forma de cuidarse. Y complementar todo esto con una alimentación saludable, acorde a tus necesidades, y con actividad física, no como una obligación más sino como parte de ese mismo cuidado.

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