La crecida de los principales ríos del Litoral argentino encendió la preocupación por sus posibles consecuencias en el Río de la Plata y las localidades de Berisso, Ensenada y La Plata. El aumento de los caudales del Paraná y el Uruguay anticipa semanas de mayor actividad hidrológica, aunque todavía no existe una alerta oficial de inundación para la región.
Las abundantes precipitaciones registradas en las cuencas del Paraná, Uruguay, Iguazú y Paraguay provocaron un incremento sostenido de los niveles de los principales cursos de agua. La situación ya obligó a adoptar medidas preventivas en distintas localidades ribereñas y a regular los caudales de importantes represas.
Según los registros de la Prefectura Naval Argentina, el Río Paraná alcanzó los 4,03 metros en Ituzaingó, Corrientes, el martes 13 de octubre, superando el nivel de evacuación establecido en 4 metros. El aumento se produjo después de varios días de crecimiento y en medio de mayores aportes provenientes de Brasil y Paraguay.
La situación es igualmente preocupante sobre el Río Uruguay. En Paso de los Libres se registraron alturas superiores a los 9 metros, por encima del nivel de evacuación de 8,50 metros, mientras que Concordia presentó mediciones superiores a los 11 metros. Las crecidas provocaron evacuaciones preventivas y operativos de asistencia en localidades ribereñas, mientras la represa de Salto Grande gestionaba caudales elevados.
Las crecidas en el Litoral mantienen en alerta a la región
¿Cómo avanzará la crecida del Paraná hacia el Río de la Plata?
El Instituto Nacional del Agua (INA) advirtió sobre la propagación de ondas de crecida a lo largo del Paraná, con posibles incrementos durante la segunda mitad de octubre. Las estimaciones contemplaban que el río pudiera acercarse a los 6,50 metros en Corrientes capital, su nivel de alerta, y continuar aumentando en los puertos de Entre Ríos y Santa Fe.
Entre las proyecciones también apareció la posibilidad de que Rosario alcanzara los 5 metros hacia fines de octubre, altura correspondiente a su nivel de alerta. Sin embargo, los informes anteriores presentaban estimaciones inferiores, por lo que esos valores deben considerarse escenarios sujetos a actualización.
El desplazamiento de las grandes masas de agua desde Corrientes hasta el Delta del Paraná demanda tiempo y depende de la geografía del río, las planicies inundables y el funcionamiento de los embalses. Por eso, las crecidas registradas en el norte argentino no llegan inmediatamente ni con la misma altura al Río de la Plata.
La particularidad del fenómeno es que afecta simultáneamente a varios cursos de la Cuenca del Plata. Tanto el Paraná como el Uruguay aportan grandes volúmenes de agua dulce al estuario y, si sus crecidas se mantienen, podrían modificar las condiciones hidrológicas aguas abajo. Sin embargo, el impacto final dependerá de cómo evolucionen los caudales durante las próximas semanas.
¿Por qué una sudestada podría complicar a Berisso y Ensenada?
La principal preocupación para el Gran La Plata es que el aumento de los aportes fluviales coincida con una sudestada. Este fenómeno meteorológico ocurre cuando los vientos persistentes del sudeste empujan el agua hacia el interior del Río de la Plata, elevan su nivel y dificultan el drenaje natural de los arroyos y canales que desembocan en él.
Una de las últimas sudestadas que se registraron en el Río de la Plata
Jonatan Grima
En ese escenario, Berisso y Ensenada aparecen entre las localidades más expuestas, especialmente en los sectores bajos de Punta Lara, la Isla Santiago, los accesos costeros y las inmediaciones de canales y arroyos. También requieren atención las áreas próximas a las playas de Palo Blanco, Bagliardi y La Balandra, donde una crecida importante puede afectar caminos, instalaciones y viviendas cercanas a la costa.
Los antecedentes muestran la vulnerabilidad de estas zonas. El 25 de febrero de 2026, una crecida que alcanzó aproximadamente 3,10 metros en Puerto La Plata llevó a las autoridades de Berisso y Ensenada a adoptar medidas de preemergencia y mantener activos los sistemas de bombeo. En otros episodios, alturas cercanas a los 2,80 metros también provocaron inconvenientes en sectores bajos de Punta Lara.
Algunos relevamientos históricos ubican alrededor de los 2,90 metros un umbral a partir del cual pueden producirse desbordes en determinados puntos de la costa. No obstante, no existe una altura única que implique inundaciones en toda la región, porque los efectos dependen de la topografía, las defensas existentes, la duración de la crecida y las condiciones meteorológicas.
El impacto también podría extenderse indirectamente a La Plata. Aunque la ciudad no presenta la misma exposición costera que Berisso y Ensenada, una elevación importante del estuario puede dificultar el funcionamiento del sistema de drenaje regional.
Esto ocurre por el denominado efecto de remanso: cuando aumenta el nivel del Río de la Plata, disminuye la diferencia de altura que permite que los arroyos descarguen naturalmente sus aguas. Si esa situación coincide con precipitaciones intensas, el escurrimiento puede volverse más lento y prolongar los anegamientos.
Entre los cursos de agua que requieren seguimiento aparecen los arroyos El Gato, Maldonado y otros integrantes de las cuencas urbanas y periurbanas. La magnitud de una eventual afectación dependerá de las lluvias acumuladas, el estado de los conductos y canales, la capacidad de bombeo y la altura del agua en los puntos de descarga.
El Arroyo Maldonado es uno de los cursos de agua monitoreado por el posible impacto
¿Cuánto podría subir el Río de la Plata y qué se espera para las próximas semanas?
Por el momento, no existe una estimación oficial que permita determinar cuántos centímetros podría aumentar el Río de la Plata frente a Berisso y Ensenada como consecuencia directa de las crecidas del Paraná y el Uruguay.
Las mediciones del Servicio de Hidrografía Naval (SHN) muestran cómo pueden variar las alturas del estuario. El 27 de septiembre se había pronosticado una crecida de 2,20 metros, mientras que para el 10 de octubre se estimaba una pleamar de 1,35 metros en Puerto La Plata.
Como referencia histórica, distintas recopilaciones hidrométricas ubican la pleamar promedio alrededor de 1,25 metros y los máximos habituales de sudestadas cerca de 2,45 metros. Sin embargo, los episodios más intensos pueden superar ampliamente esos valores, como ocurrió en diciembre de 2023, cuando se informaron registros próximos a los 3,50 metros.
Una elevación superior a los 2,80 o 3 metros puede comprometer determinados caminos, instalaciones y viviendas ubicadas en terrenos bajos, aunque los efectos varían según las características de cada localidad. Además, los caudales de Yacyretá y Salto Grande no pueden sumarse directamente para calcular la futura altura del estuario, porque las ondas de crecida no necesariamente llegan al mismo tiempo y el comportamiento del Río de la Plata depende especialmente de los vientos y las mareas.
Otro factor que requiere atención es la evolución de las precipitaciones. Las perspectivas estacionales del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) contemplan lluvias superiores a los valores normales en sectores del Litoral y el centro argentino durante el trimestre octubre-diciembre. La posible influencia de El Niño también forma parte del análisis, aunque estas tendencias no permiten anticipar por sí solas una inundación concreta.
Una de las últimas grandes lluvias generó anegamientos en pleno centro de La Plata
Los registros del INA correspondientes al 13 de octubre mostraban que varios puntos del tramo inferior del Paraná todavía permanecían por debajo de sus niveles de alerta. Rosario se encontraba alrededor de los 3,3 metros, frente a un umbral de 5 metros, mientras que Victoria registraba aproximadamente 3,6 metros, con alerta establecida en 4,60 metros.
La evolución de esas estaciones permitirá determinar cómo se desplaza la crecida hacia el Delta. Al mismo tiempo, los pronósticos del SHN serán fundamentales para conocer las alturas previstas en Puerto La Plata y establecer si el incremento de los aportes fluviales coincide con condiciones meteorológicas capaces de elevar significativamente el estuario.
La información disponible confirma una crecida importante en el Litoral, pero no permite afirmar que exista una inundación inminente en La Plata, Berisso o Ensenada. Durante las próximas semanas, el seguimiento estará concentrado en el avance de las ondas de crecida, los pronósticos de sudestadas y las precipitaciones sobre la región. La combinación de esos factores será determinante para establecer si el fenómeno representa una amenaza concreta para el Gran La Plata.