La presencia de la Catedral platense en ese singular registro tiene, además, una particularidad: sus 120 metros tomando los extremos exteriores coinciden exactamente con el largo de la manzana sobre la que fue erigida, una de las dimensiones características del trazado fundacional de La Plata. Junto con ella, otras tres grandes iglesias latinoamericanas aparecen representadas en el pavimento de San Pedro: la Basílica de Nuestra Señora de Aparecida, en Brasil; la Basílica del Voto Nacional, en Ecuador; y la Catedral Metropolitana de México.
Un dibujo realizado por el arquitecto Ernesto Meyer, colaborador de Benoit
Según explicó el arquitecto Esteban Casas, historiador de la Fundación Catedral, las inscripciones en el pavimento de la Basílica de San Pedro reúnen los nombres de los mayores templos cristianos del mundo. La referencia corresponde a la longitud de cada edificio: la Basílica de San Pedro encabeza la lista, con sus 187 metros; le siguen la Catedral de San Pablo, en Londres, con 158 metros, y el Duomo de Florencia, con 149. La Catedral de La Plata ocupa hoy el puesto 18, con 120 metros de longitud.
Una capilla dentro de la basílica
El diseño de la Catedral surgió luego de un concurso internacional de anteproyectos que quedó desierto al no presentarse ninguna propuesta. Ante esa situación, el gobernador Dardo Rocha encomendó la obra al ingeniero Pedro Benoit, autor también del trazado fundacional de La Plata, quien contó con la colaboración del arquitecto alemán Ernesto Meyer. El proyecto adoptó el estilo neogótico, inspirado en las catedrales de Colonia, en Alemania, y Amiens, en Francia. La piedra fundacional fue colocada en abril de 1884 y Rocha eligió para el templo el nombre de Catedral de la Inmaculada Concepción, en homenaje al dogma de la Virgen María libre de pecado original, denominación que el papa León XIII oficializó mediante una bula el 15 de febrero de 1897.
Mientras la construcción de la basílica avanzaba lentamente, se decidió erigir en su interior una capilla que funcionara provisoriamente como Catedral. Así nació Nuestra Señora de los Dolores, diseñada por Pedro Benoit hijo y construida entre abril y diciembre de 1901 en la nave lateral occidental, sobre la calle 15, con 40 metros de largo por 10 de ancho y en estilo gótico. Durante tres décadas, la capilla convivió con las obras del templo mayor —incluso con un túnel que pasaba por debajo y era utilizado por los obreros y los carros que trasladaban materiales—, hasta que el 19 de noviembre de 1932, al cumplirse el cincuentenario de la ciudad, la Catedral fue inaugurada parcialmente con una misa oficiada por monseñor José María Rancilio, obispo de La Plata. La ceremonia marcó el inicio de la vida litúrgica en el nuevo templo y permitió desmantelar la capilla, aunque las obras aún no habían concluido: el edificio volvió a cerrarse y los trabajos continuaron durante los años siguientes, entre ellos los destinados a completar los pisos y otros sectores, hasta su reapertura a fines de 1937.
Estilo clásico y toques autóctonos
La Catedral platense presenta características que la distinguen de buena parte de los grandes templos neogóticos europeos. Aunque inicialmente se había pensado construir con piedras, finalmente se optó por el ladrillo, un recurso propio que se fabricaba en la región. Se estima que fueron necesarios unos 12 millones de ladrillos para levantarla. Inicialmente se había previsto revocar las paredes exteriores, pero los sucesivos retrasos de las obras dejaron de lado esa iniciativa y los ladrillos quedaron finalmente a la vista. La elección del material fue también parte de una marcada impronta nacional, que se expresó en las imágenes y símbolos incorporados al templo y, particularmente, en sus esculturas, con referencias visuales vinculadas con el paisaje y la cultura argentina. Según explica el arquitecto Casas, las gárgolas, lejos de reproducir los monstruos medievales habituales en este tipo de construcciones, representan animales vinculados con la fauna prehistórica y autóctona argentina, como dientes de sable, mulitas y jabalíes pampeanos. Los capiteles, por su parte, están decorados con especies de la flora nacional, entre ellas el ceibo, el algarrobo blanco y el sauce criollo. Incluso la figura central del tímpano rompe con la tradición europea: es un gaucho argentino con boleadoras.
Inauguración de la Capilla de los Dolores, que funcionó 30 años dentro de la Catedral hasta que se terminaron las obras definitivas del templo principal. (Fundación Catedral)
En diálogo con 0221.com.ar, Casas recordó que los 120 metros de longitud de la Catedral coinciden con el largo de la manzana donde fue erigida, una dimensión característica del trazado fundacional de La Plata. Las manzanas del eje fundacional donde se concentran los principales edificios gubernamentales tienen 120 por 120 metros. Esa escala condicionó aspectos de la construcción y obligó incluso a que la escalinata original de acceso, construida en hormigón y con una pronunciada pendiente, ocupara parte del espacio de la vereda.
A comienzos de la década de 1940, la remodelación integral de Plaza Moreno implicó también una modificación del entorno de la Catedral. El templo se encontraba sobreelevado respecto del Palacio Municipal, por lo que se decidió rebajar unos 80 centímetros el nivel del piso de la plaza para establecer una cota común entre ambos edificios. La intervención modificó de manera significativa la relación entre la Catedral y su entorno inmediato. En aquel momento se realizó un desvío de la calle 14 en el frente y se construyó una nueva y más amplia explanada que modificó el acceso principal al templo.
El templo posee cinco naves, divididas por pilares de piedra Mar del Plata, y un piso de hormigón armado construido en 1932, compuesto por 12 mil lajas de granito rojo de Olavarría, con guardas de piedra gris de San Luis y negra de Balcarce. En su interior se conservan tallas en madera del artista tirolés Leo Moroder —entre ellas el Cristo, San Ponciano, San José y la Inmaculada Concepción—, además de vitrales franceses y alemanes y el Coro de Canónigos, realizado en roble de Eslovenia por los hermanos Malknecht, con la colaboración de Moroder, autor de las cabezas que coronan la sillería. Los confesionarios, también de estilo gótico, fueron construidos por la casa Shenke.
En el jardín ubicado sobre las calles 14 y 53 se encuentra otra imagen de la Inmaculada Concepción, patrona del templo, erigida a partir de una idea de monseñor Rassore y un diseño del arquitecto Emilio Coutaret.
En 1905 las obras quedaron a cargo del arquitecto César Gutiérrez, bajo cuya dirección se avanzó en la estructura, las naves, las bóvedas y las torres, siempre dentro del diseño original y con las adaptaciones que imponían las nuevas técnicas constructivas. En la década de 1920, el ritmo se aceleró con la ejecución de los trabajos interiores, el altar y el mobiliario litúrgico.
A lo largo de las casi cinco décadas que demandaron los trbajos participaron cientos de trabajadores, en su mayoría argentinos e italianos, dedicados a oficios como la albañilería, la carpintería, la vidriería y diversas labores artesanales, cuya contribución es actualmente recordada en el Museo de la Catedral.
La imagen es un documento del modo en que se realiza la inscripcion (Fundación Catedral)
Puesta en valor y terminación
La historia de la inscripción de la Catedral platense junto a otros 30 templos se remonta a comienzos de la década de 1990. En ese momento, el arzobispo Carlos Galán y el párroco de la Catedral, Carlos Ruiz Díaz, comenzaron a reunirse con el entonces intendente de La Plata, Julio Alak, y el gobernador bonaerense, Eduardo Duhalde. En esos encuentros surgió la posibilidad de completar el templo y preservar sus valores patrimoniales. A partir de entonces, el Arzobispado de La Plata tramitó y validó los planos de la Catedral, que se aprestaba a iniciar un proceso de restauración y completamiento.
En ese contexto, el 31 de marzo de 1992 la curia constituyó la Fundación Catedral de La Plata, una asociación civil católica sin fines de lucro destinada a preservar, mantener y completar el templo y a difundir sus valores patrimoniales, religiosos, artísticos e históricos, entendidos como manifestaciones vivas de fe y cultura. La iniciativa expresó la convergencia de intereses entre la Iglesia y la Provincia, propietaria del inmueble. La Fundación quedó inicialmente presidida por el teniente de navío Antonio Armando Santos, acompañado por un grupo de laicos, y tuvo como primera misión comenzar a reunir los fondos para urgentes tareas de mantenimiento ante el evidente estado de deterioro del edificio.
Los primeros trabajos, encarados junto con la Dirección de Arquitectura Provincial, se concentraron en el subsuelo, donde se acondicionaron varios salones y se habilitó un auditorio. Al mismo tiempo, se encargaron los estudios de factibilidad para el completamiento del templo. El primero y más importante debía determinar si las fundaciones existentes podían soportar las nuevas cargas: los ingenieros Silvano Trevisán y Eduardo Núñez concluyeron que las obras eran viables, aunque requerían una serie de refuerzos en los cimientos. En paralelo, se incorporó al arquitecto Guillermo García como asesor técnico para elaborar el proyecto integral de puesta en valor.
Con sus 120 metros de largo por 76 de ancho, la Catedral ocupa una superficie cubierta de 7.000 metros cuadrados y puede albergar a 14.000 personas
El plan diseñado por García se estructuró en tres etapas. La primera apuntaba a detener el deterioro del edificio mediante la restauración de sus ladrillos y sus juntas, que presentaban signos de deterioro en distintos sectores de los muros exteriores. La segunda contemplaba el refuerzo de las fundaciones mediante inyecciones de hormigón armado, necesarias para soportar las nuevas cargas. La tercera correspondía al completamiento propiamente dicho: las dos torres laterales, seis torretas, unos 200 pináculos y 800 agujas, que sumarían alrededor de 2.000 toneladas al peso de la estructura. A ello se agregaban la instalación de un carillón de 25 campanas de más de 20 toneladas, una nueva cruz principal. Sobre la entrada del templo, en la calle 14, se encuentra la imagen de la Inmaculada Concepción de cuatro metros de altura. En la misma fachada se destaca el rosetón, de nueve metros de diámetro y 180 metros cuadrados de vitrales, cuya composición representa el Apocalipsis y la Jerusalén Celestial.
Las autoridades buscaban transformar parte del edificio en un circuito turístico y cultural, con un museo, una librería, un local de artículos religiosos y una confitería. Para entonces había cobrado protagonismo el abogado Eduardo Di Marco, quien en mayo de 1995 reemplazó a Santos en la presidencia de la Fundación y se convirtió en una de las figuras centrales del proceso.
Trámite de inscripción
Ese mismo año, Eduardo Di Marco viajó a Italia junto con el auxiliar de la Arquidiócesis, Guillermo Garlatti, para adquirir el carillón, fabricado por la misma empresa que había renovado el campanario de la localidad natal de Juan Pablo II. Paralelamente, avanzaron las gestiones para incorporar a la Catedral a la serie de grandes templos cuyas dimensiones estaban señaladas en el pavimento de la Basílica de San Pedro. Para ello se presentaron los planos y las mediciones correspondientes y se elevó la solicitud ante el cardenal Noè.
"Ecclesia Cathedralis Metropolitana Platensis m. 120", el texto en el pavimento de San Pedro que ubica a la catedral platense entre las mas importantes del mundo (Fundación Catedral)
El proyecto de completamiento encontró además un marco político en el denominado Plan de Rejerarquización de la Ciudad de La Plata y la Región Capital, impulsado por la Provincia y el municipio. La curia presentó entonces un pedido formal para incluir las obras de terminación de la Catedral en un programa que contemplaba también la culminación de las obras del Teatro Argentino y la construcción de un estadio destinado a grandes eventos deportivos y artísticos.
Di Marco tuvo un papel central en todo este proceso: definió el encuadramiento legal de los trabajos y redactó el proyecto que dio origen a la Unidad Ejecutora Catedral, creada por la Ley Provincial 11.861 en octubre de 1996 como organismo responsable de llevar adelante las obras, cuya conducción quedó a su cargo. Un mes después, en noviembre, la Provincia y el municipio lanzaron formalmente el Plan de Rejerarquización.
Al comenzar a cobrar forma el proyecto de completamiento con la incorporación de las torres de la catedral, diversas enciclopedias e instituciones dedicadas a la arquitectura sacra incluyeron al templo en la lista de las catedrales más imponentes del mundo por su superficie y volumen de obra de ladrillo.
El 12 de noviembre de 1997 la Catedral de La Plata fue declarada Monumento Histórico Nacional. Esta designación oficial, expedida por el gobierno nacional, dio reconocimiento al valor arquitectónico, histórico y cultural de la catedral, al mismo tiempo que garantizó su preservación para el futuro.
Así luce hoy la reciente campeona mundial de catedrales.
Todas las iniciativas llevadas adelante en la catedral platense tuvieron como una de sus principales impulsoras a Hilda “Chiche” González, esposa del gobernador Eduardo Duhalde y por entonces presidenta honoraria del Consejo Provincial de la Mujer.
1999 fue un año decisivo. La finalización de las dos torres frontales completó, más de un siglo después, la concepción original de Pedro Benoit y permitió concretar la culminación del templo. Inauguradas en noviembre de ese año, las torres tienen significados diferentes.
La de la calle 53, a la izquierda, es la Torre de Jesús y sus esculturas representan la vida de Cristo, desde su nacimiento hasta la ascensión; la de la calle 51, a la derecha, es la Torre de María y está ornamentada con escenas de la vida de la Virgen, desde su nacimiento hasta su asunción. La primera cuenta con un ascensor que permite acceder al mirador y contemplar la ciudad en visitas guiadas, mientras que en la segunda funciona el carillón.
Las torres alcanzan los 112 metros de altura, lo que las convierte en el punto más elevado de la ciudad y en las más altas de la Argentina, seis metros por encima de las de la Basílica de Luján. Por su altura, el Templo Mayor platense es además la quinta catedral más alta de América, detrás de las de Maringá, en Brasil; Manizales, en Colombia; la Basílica del Voto Nacional, en Quito; y Riverside Church, en Nueva York.
Con sus 120 metros de largo por 76 de ancho, la Catedral ocupa una superficie cubierta de 7.000 metros cuadrados y tiene capacidad para albergar a 14.000 personas. Más de 80 ventanas, muchas de ellas con vitrales realizados en Francia y Alemania, aportan una luz característica al interior. En la cripta descansan los restos de Dardo Rocha, fundador de La Plata, junto a los de su esposa, Juana Arana.