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Estudió en la UNLP y casi muere por una grave infección, pero sobrevivió y ahora cuenta su vida en un libro

Delfina Labriola acababa de recibirse en la UNLP cuando sufrió una grave afección, pero pudo recuperarse y hoy narra esa experiencia.

Delfina Labriola tenía una vida normal. Recibida de médica en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), ya había terminado el primer año de residencia cuando apareció el primer síntoma. Fue todo repentino. Después de donar sangre tuvo fiebre, náuseas y dolor abdominal. Pensaron que era apendicitis, la operaron y despertó con cuarenta kilos más, sin poder hablar, sin piernas, sin dedos en sus manos y cuadripléjica.

Los médicos del Hospital San Martín encontraron en su cuerpo la bacteria de Neisseria meningitidis, más conocida como meningococo; que le provocó un shock séptico y en consecuencia una falla renal. Recuperó la movilidad de a poco, tuvo que reaprender a comer, a sentarse y hasta tomar agua y ahora se realiza diálisis tres veces por semana mientras espera un trasplante de riñón.

Mientras estaba en el hospital, un amigo le llevó un cuaderno. Con las manos repletas de ampollas y ensangrentadas, empezó a escribir lo que sentía, lo que pasaba por su cabeza. Un año después, decidió publicar el producto de aquellos pensamientos y reflexiones que se transformaron en su primer libro, titulado En la sangre. La presentación se realizará el próximo 25 de septiembre en el Colegio de Médicos de La Plata, ubicado en 51 entre 9 y 10.

Delfina Labriola se recibió de médica en la UNLP en 2024

"Escribí con ganas de poder brindarle a las personas la experiencia de por qué me quedé acá", explicó Labriola en diálogo con Suma Play, un medio de su 9 de Julio natal. Y agregó: "Buscando también esas respuestas, que por ahí no es lo primero que llega, pero por algo con tan mal pronóstico y tan poca estadística a mi favor me quedé igual".

La historia de Delfina Labriola

Delfina nació en 9 de Julio, a 300 kilómetros de la capital bonaerense. Llegó a la capital bonaerense para estudiar en la UNLP. "Yo estudié medicina con mucho esfuerzo. Soy la primera universitaria de mi familia que tuvo título y costó bastante poder llegar a eso", expresó al respecto, explicó además que ya había hecho el primer año de la residencia en Clínica Médica y un día antes de pasar a segundo año, luego de donar sangre, comenzó a tener mucha fiebre.

La joven llegó a La Plata desde 9 de Julio para estudiar Medicina

"Fue todo muy abrupto. Cada vez me iba deteriorando más y en horas no podía moverme, me dolía mucho el abdomen. Pensaban todos que era una apendicitis complicada. Después pudieron diagnosticar que era una bacteria", detalló.

Los análisis revelaron que había ingresado a su cuerpo la bacteria Neisseria meningitidis. "Lo raro fue que me dio un shock séptico", contó Labriola y agregó: "No tengo un antecedentes para esperarme una invasión de una bacteria. En ese shock séptico lo que hace la bacteria es taparme las arterias, mandar émbolos; lo que hace es que no llegue la circulación a las extremidades terminales, como la punta de los dedos o los pies". "Todo eso terminó en amputaciones y el fallo renal que, hoy en día dializo por la panza y el día de mañana me tendría que trasplantar para mejorar la calidad de vida y no depender tanto de la diálisis", relató sobre la realidad que le toca vivir ahora todos los días.

La joven profesional comentó además lo que sintió al recuperar la consciencia. "Cuando me levanté pesaba cuarenta kilos más, de todos los líquidos. No podía levantar la cabeza. Me quedé cuadripléjica y no entendía qué me había pasado porque hasta lo que yo me acordaba era: 'Puede ser una apendicitis o un cuadro más normal'".

Cuando me levanté pesaba cuarenta kilos más, de todos los líquidos. No podía levantar la cabeza Cuando me levanté pesaba cuarenta kilos más, de todos los líquidos. No podía levantar la cabeza

Según expresó, el proceso de reeducación fue como "volver a nacer". Estuvo acompañada por familiares y amigos e intentó vivir con la mayor independencia posible. "Fue todo un camino que ahora parece rápido, pero fue todo muy lento, al menos yo lo viví como muy quieto. Siempre fui una persona muy activa", explicó.

Delfina tiene 27 años. El pasado 31 de agosto, retomó la etapa de la residencia que había dejado pendiente. "La idea fue seguir formándome pese a las limitaciones", explicó y, en esa misma línea, cerró: "Siempre surgen esos sentimientos de que uno extraña lo que era, pero después siento que lo tiro para el lado positivo de que pude volver".

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