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¿Cómo cuidar el cerebro sin que estar bien se vuelva un trabajo?

A veces parece que estar bien es una tarea más de la lista. ¿Y si lo miramos desde otra óptica?

Nos bombardean con lo que "hay que hacer": tomar dos litros de agua, comer saludable, entrenar, rendir todos los finales antes de fin de año, tener productividad en el trabajo, maternar o paternar siempre con una sonrisa y, además, "vibrar alto". Al final, el bienestar termina pesando como una obligación y eso abruma.

El bienestar debería ser un refugio que nos proteja más que una presión extra. Para eso, lo primero es entender un poco cómo funciona nuestro cerebro para ayudarlo a trabajar mejor, sin tanto esfuerzo.

Leer un libro, prestar atención a algo o aprender cosas nuevas –aunque sea cambiar el camino de vuelta a casa– hace que el cerebro funcione como una orquesta; y para que suene bien, necesita orden. La forma más simple de organizarlo es respirando con ritmo, ya que habitualmente lo hacemos de manera desordenada.

En el cerebro tenemos unos "núcleos predictores" de la respiración que están esperando la próxima inspiración. El cerebro se altera cuando respiramos sin un patrón claro. La clave está en tomarnos unos 10 minutos para respirar con ritmo: podés contar tres segundos para inhalar y seis para exhalar. Lo importante es que la exhalación sea más larga.

Técnicas de respiración (1)

Aunque no debería serlo, el bienestar termina pesando como si fuera una obligación y eso abruma

Ese ritmo le avisa al cerebro que todo está tranquilo. La respiración induce orden, coordinación y sincronización, tres acciones fundamentales para que este órgano pueda procesar información y ejecutar sus funciones con eficiencia. El cerebro interpreta que nos estamos cuidando cuando respiramos profundo para recuperar y estar bien, volver al eje. Así, se activan mecanismos químicos que favorecen el bienestar. Por el contrario, dejar de cuidarse significa tolerar actos que nos hacen mal.

El bienestar debería ser un refugio que nos proteja más que una presión extra

La instructora de yoga y mindfulness con 20 años de experiencia, Mariana Cicatelli, cuenta que "la respiración es una gran aliada a la hora de meditar". "Muchas veces respiramos de manera automática, aunque dedicándole atención podemos obtener grandes beneficios", agrega.

La biología nos invita a cambiar… de a poco

La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro de reorganizarse y cambiar. Lo potente es que podemos dirigir ese cambio para construir una mejor versión nuestra. La biología nos invita, aunque no hace magia: se requiere voluntad, propósito y tiempo.

Una herramienta que ayuda en este sentido es la autocontemplación. Suena difícil, aunque solo se trata de observarse un poco: cómo estamos durmiendo, qué comemos, cómo nos movemos. Está comprobado que las personas que practican la introspección ("automirarse") tienen una salud mental mucho más estable. Mirarnos nos da la oportunidad de aprender lo que nuestro cuerpo puede decirnos.

Meditación

Utilizar técnicas de respiración para controlar el estrés puede ser beneficioso para la salud

Es posible empezar mirando desde la orilla, sin necesidad de tirarse de cabeza al mar de las emociones intensas:

Hábitos de higiene mental

Existen ejercicios para "limpiar" el cerebro y contribuir a su orden, tal como nos lavamos los dientes o nos bañamos de manera regular. Cicatelli comparte dos técnicas simples para realizar en cualquier momento y lugar:

Respiración abdominal

Es muy relajante para momentos de estrés. Practicarla unos minutos al día ayuda a que el sistema nervioso y el cuerpo se relajen.

Habitar el cuerpo

Constantemente recibimos señales físicas, aunque solemos ignorarlas por las ocupaciones. Este ejercicio propone tomar conciencia de cómo estamos realmente:

El autocuidado ayuda a que tu cuerpo deje de ser una carga y pueda ser un lugar de refugio. Se trata de tener la intención de estar mejor y sostenerlo en el tiempo, sin necesidad de hacer todo perfecto.

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